Este volumen profusamente ilsutrado proporciona al lector una amplia perspectiva de la riqueza y multiplicidad que tanto la arquitectura como las artes plásticas experimentaron entre 1750 y 1848. Mientras que el neoclasicismo supone una clara recuperación del arte y la arquitectura de la Antigüedad clásica, el romanticismo, concepto mucho más rico en matices, es ante todo una actitud espiritual del artista. Por ello, neoclacisismo y romanticismo no se pueden considerar dos polos opuestos, sino más bien "diferentes intentos de solucionar la misma situación histórica al principio de la Modernidad" (Lankheit). Los rigurosos textos de esta exhaustiva obra aproximan al lector los múltiples aspectos de esta época apasionante.