Resultados de la búsqueda para: Samuel Beckett





PAVESAS (BECKETT, SAMUEL)
«No hay más hermosos caminos que los del mar, que los caminos que saben los salmones y las goletas de antaño y que éstos de los grandes transatlánticos de hogaño. Dan estos caminos poder, riqueza, fantasía.» Esto escribía Alvaro Cunqueiro en cierta ocasión, cuando, quién sabe por qué razones, anduvo ocho meses alejado de la mar, él, para quien ésta fue la más fecunda de las musas. Es que, de hecho ?quizá como todo gallego de pura cepa? algo tiene Cunqueiro de ser marino : «Yo me lo merezco», dijo al recibir el premio La Concha de Vieira (en la que yace la uña de un percebe), «porque nací al día siguiente de haber comido mi madre una gran fuente de percebes. Por sus frutos los conoceréis?»Después de este primer volumen de crónicas y artículos, nos dimos cuenta de que eran inagotables y que sería una pérdida inestimable para la literatura española dejarlas en el olvido de las publicaciones periódicas. Al cuidado de César Antonio Molina hemos ido, pues, agrupando por temas seis volúmenes más : La cocina cristiana de Occidente (Los 5 sentidos 11), Tesoros y otra magias, Viajes imaginarios y reales, Los otros caminos, El pasajeroen Galicia y La bella del dragón (Marginales 80, 91, 101, 105 y 116).

MURPHY (BECKETT,SAMUEL)
En Murphy, primera novela de Samuel Beckett, escrita todavía en i nglés, aparecen ya con sorprendente madurez los elementos que caracterizarán su obra posterior. "Mediante un procedimiento que destaca por su lógica", nos dice Olga Bernal, "el autor arranca a su protagonista del mundo de los hombres, y lo sitúa, al mismo tiempo, fuera del ámbito de la razón fuera y del ámbito de la locura, colocándolo, desde un principio en este espacio característico de la obra de Beckett que no es lugar alguno."

MOLLOY (BECKETT, SAMUEL)
Primera de las novelas de la gran trilogía que completan «Malone muere» (L 5616) y «El innombrable» (L 5595), MOLLOY constituye el punto de arranque de la etapa iniciada por SAMUEL BECKETT (1906-1989) tras la Segunda Guerra Mundial, caracterizada por el abandono del inglés en favor del francés como lengua literaria y el ahondamiento de la visión trágica del mundo contemporáneo a través de imágenes en las que lo grotesco sirve para potenciar al máximo el patetismo y desolación de la vida humana. La enajenación, la soledad, la falta de identidad y el anonimato condenan a los personajes del novelista irlandés a una lucha sin sentido con su propia existencia, para la que ni siquiera la aniquilación final de la muerte constituye ya una esperanza.

MERCIER Y CAMIER (BECKETT, SAMUEL)
Una obra maestra olvidada en un cajón «Le dije que la había leído y que era una obra maestra, pero me respondió que no era tan buena, y que en la traducción había eliminado una cuarta parte. Sin embargo, un rato después se me acercó para preguntarme si realmente creía que su obra era buena. Los escritores muchas veces no entienden lo que hacen y Beckett odiaba su trabajo, y no podía juzgarlo», recordaba en 2012 Paul Auster en una velada literaria en Nueva York. Quizá el escritor estadounidense sea el mayor defensor de la valía de esta novela de Samuel Beckett, ya desde que en 1975 escribiera una reseña para la revista Commentary. Beckett había escrito Mercier y Camier en 1946 en unas condiciones de extrema pobreza, teniendo además muy recientes sus experiencias en la Francia ocupada y, más alejadas en el tiempo, sus vivencias de juventud en una Irlanda asfixiante de la que siempre quiso huir. Era su primera obra escrita en francés y al no encontrar editor en su momento, la mantuvo escondida en un cajón. Tuvo que recibir el Premio Nobel en 1969 para que esta pequeña y divertidísima obra viera la luz, ante la exigencia de su editor para que le diera material que publicar de inmediato.

EL INNOMBRABLE (BECKETT, SAMUEL)
Con El innombrable se cierra la gran trilogía iniciada con " Mohillo " y continuada con " Malone muere " -ambas publicadas asimismo en esta colección-, punto culminante del largo proceso de desintegración y pérdida del yo a través del cual los personajes de Samuel Beckett (1906-1989) quedan reducidos al discurso inconexo de una conciencia separada del mundo exterior y disociada incluso de su propia base corporal. Alegoría grotesca y patética de la impotencia humana, el ente anónimo, paralítico e informe que monologa de manera obsesiva a lo largo de las páginas de la novela arrastra una existencia puramente vegetativa, condenado por siempre a escuchar el resonar incesante de su propia voz. Nadie ha logrado expresar con tanta fuerza -señala Frederich R. Kari en las páginas que sirven de prólogo a esta edición- la desesperación de una época que pone en duda no sólo ya el sentido de la existencia, sino incluso su misma realidad.

PROUST . Y TRES DIÁLOGOS CON GEORGES DUTHUIT (BECKETT, SAMUEL)
El interés de Samuel Beckett por la narrativa de Marcel Proust cuajó en esta obra iluminadora y temprana, que arroja luz sobre ambos autores. Sin duda, el Tiempo es el eje que vertebra el brillante análisis sobre la obra de Marcel Proust, el autor de En busca del tiempo perdido. El texto brinda también páginas memorables sobre la soledad, el conocimiento, el aburrimiento, la curiosidad y la amistad, así como sobre la mentira y el miedo, o sobre la vida como sucesión de paraísos denegados.

RELATOS Y TEXTOS PARA NADA (BECKETT, SAMUEL)
Cuando en 1955 la editorial Minuit publicó los 'Relatos y Textos para nada', en su versión original en francés, Samuel Beckett ya había sorprendido al mundo con la originalidad y el ingenio de 'Esperando a Godot' (estrenada en 1953). La producción de nuevas obras de teatro, todas ellas de gran calado existencial, haría que en las siguientes décadas el autor irlandés se convirtiera en el dramaturgo más influyente del siglo XX. Sin embargo, su obra narrativa no es en absoluto desdeñable y, en la opinión de muchos críticos, la profundidad alcanzada en sus novelas y relatos es muy superior a lo conseguido en teatro. Los 'Relatos' de Samuel Beckett, por ejemplo, muestran a un Beckett en plena madurez creativa, presentando con toda crudeza a un tipo de personaje característico de su universo literario: un ser desamparado que deambula por escenarios inhóspitos y cuyas peripecias reflejan, parcialmente, las penalidades sufridas por el autor durante la Segunda Guerra Mundial. Los 'Textos para nada', por su parte, constan de 13 fragmentos en los que Beckett despoja a la literatura de todo artificio y se aproxima, en una búsqueda obsesiva, como ningún escritor había hecho antes, a lo que yace detrás de las palabras, ya sea la verdad o el vacío. Fue el propio Beckett el que tradujo al inglés todas las secciones que conforman el libro hasta que se publicó en esta lengua en 1967. Esta es la versión que ha sido traducida por primera vez al castellano por José Francisco Fernández para JPM ediciones.

TOT ESPERANT GODOT (BECKETT, SAMUEL)
Dos rodamons, Gigí i Gogó, es reuneixen al peu d?un salze esperant l?arribada d?un personatge desconegut, Godot. Sobre aquest argument tan simple, Samuel Beckett planteja, des dels paràmetres de l?anomenat teatre de l?absurd, els interrogants que turmenten l?home mentre dura el seu pas pel gran circ del món. Des de la seva estrena a París el 1953, Tot esperant Godot s?ha convertit en un punt de referència clau del teatre i de la cultura contemporanis. En la modèlica traducció de Joan Oliver.

ESPERANDO A GODOT (BECKETT, SAMUEL)
Cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, casi nadie sabía quien era SamuelBeckett, salvo, quizá, los que ya lo conocían como ex secretario de otro irlandés, no menos genial, James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria ; sin embargo, para muchos, pasó a ser «el autor de Esperando a Godot». Se dice que, desde aquella primera puesta en escena -que, realizada por el gran Roger Blin, causó estupefacción y obtuvo tanto éxito- hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar de nuestro planeta, no se haya representado Esperando a Godot. ¡Más de cuarenta años en los escenarios del mundo ! El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco depués de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969, que Esperando a Godot era una obra «horriblemente cómica». Sí, todo lo horriblemente cómica que puede resultar, a fin de cuentas, la angustiosa situación límite de dos seres cuya vida y grotesca solidaridad se forjan el la absurda y vana espera de ese quién sabe qué (o quién) al que llaman Godot?

ESPERANDO A GODOT . TRADUCCIÓN DE ANA MARÍA MOIX (BECKETT, SAMUEL)

Cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, pocos sabían quién era Samuel Beckett, salvo, quizá, los que ya lo conocías como ex secretario de otro irlandés no menos genial: James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria; sin embargo, para muchos pasó a ser «el autor de Esperando a Godot». Se dice que, desde aquella primera puesta en escena ?que causó estupefacción y obtuvo tanto éxito? hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar del planeta, no se haya representado Esperando a Godot. El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco después de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969, que Esperando a Godot era una obra «horriblemente cómica». Sí, todo lo horriblemente cómica que puede resultar la situación de dos seres cuya grotesca vida se funda en la vana espera de ese ser al que llaman Godot.