Este es un libro contracultural por muchas razones. Contracultural pues desea recuperar una historia olvidada, contracultural porque invita a reconciliarse con los símbolos de la muerte, contracultural pues es profundamente crítico con el silencio y la represión de la muerte dominantes en la actualidad, contracultural porque quiere recuperar una ancianidad serena y reflexiva en medio de tanto envejecimiento activo, contracultural porque invita a ser presencia y escucha al lado de la angustia de la muerte hoy, contracultural pues ofrece un camino –el ignaciano– a la muerte.