Justa y Rufina fueron dos jóvenes sevillanas, dedicadas al trabajo del barro y la cerámica, que fueron detenidas y ejecutadas por ser cristianas en la persecución del emperador Diocleciano, hacia el año 303.
Justa y Rufina fueron dos jóvenes sevillanas, dedicadas al trabajo del barro y la cerámica, que fueron detenidas y ejecutadas por ser cristianas en la persecución del emperador Diocleciano, hacia el año 303.