Thomas Pynchon. Un escritor sin orificios es una pieza dividida en dos provocaciones que se dirigen al propio Pynchon. Una pluralidad de voces insatisfechas tientan al escritor de El arco iris de gravedad durante lo que se empeñan en llamar «el día antes de la fama». La procacidad y el arrebato se dan turno aquí con una cierta reverencia desganada que rápidamente se revuelve en insulto. Se alza en algún momento una voz más ambiciosa y contenida que ama y desprecia a Thomas Ruggles Pynchon y le achaca como un fallo el haber forzado el mecanismo de sus lectores hasta lo insoportable, le acusa de haber perdido la noción de que su lector es real y tiene que hacer una lectura real de su libro. Le condena a ser, en adelante, «leído fingidamente» como serán leídos Gaddis, Juan Benet, William H. Gass o Danielewski. El texto va perseguido (ésta es la palabra que nos piden que usemos) por diez fotografías y dibujos del pintor de micro-óleos Alfonso Rodríguez Barrera (Cerdanyola del Vallès, 1978), que funcionan como documentación anexa, probable y falaz también por turnos rigurosos, y sin los que el libro se comportaría, seguramente, con un poco menos de soberbia.