Madame Bovary, con sus fanáticos y detractores, instaló a Flaubert en el mapa de la literatura francesa y le dio rasgo de “contemporánea”. Los Tres cuentos, en cambio, publicados luego de varios fracasos, le permitieron una consagración prácticamente unánime por parte de sus colegas y la prensa. “Nunca he leído nada más bello que sus Tres cuentos. Es la fuerza del genio, y no deseo que ningún razonamiento eche a perder la sinceridad de mi admiración”. Théodore de Banville, 1877