Podría definir la vida como un gran juego de azar. ¿Quién no ha tomado una decisión gracias a una moneda? Cara o cruz. Pura suerte dando decenas de vueltas en el aire, consiguiendo que nuestras esperanzas se queden congeladas durante los segundos que tarda en decidirse todo. ¿Es el destino el que intercede? ¿El karma, quien marca el ganador? La Sara de antes se hubiese reído ante tal suposición, lo sabéis. Siempre había considerado que la vida no tiene una balanza para equilibrar los desastres que suceden, que no se dedica a compensar las alegrías que te da ni mucho menos puede castigar tus errores. Pero ese ha sido mi gran fallo: la he subestimado, creyéndome que podría mantener su justicia bien alejada de mi burbuja de felicidad.