Escritas ambas en verso, la primera se desarrolla en una corte provenzal, Imberal, en la que un trovador y un Infante de Castilla se disputan el amor de su bella Princesa. Su subtítulo, Escenas rimadas de una manera extravagante, refleja su carácter de entretenimiento. En ella se unen, con una plasticidad típicamente modernista, la tradición y la novedad de lo mejor y más eterno de la literatura española: perfume antiguo del romancero, canción de gesta y corte de amor. Voces de gesta, Tragedia pastoril, de mayor alcance que la anterior, más personal y con mayor carga ideológica, es un canto apasionado y vehemente a la tradición, pero un canto elegíaco, porque en ella se mitifica una derrota y la idea de una España imposible de mantener. La acción, violenta y agridulce, parece recorrida por un viento misterioso, de amor y terror.