Deseo de saber, tan propio al hombre,
con años de cuidado y
me ha tenido por una y otra ciencia
buscando fama y adquiriendo nombre.

¿Mas quién habrá, Señor, que no se asombre
de ver turbar la ciencia en tu
de tantos que por física
quieren que el mundo los estime y nombre?

¡Qué necio en ciencias vanas me divierto!
Que, si los ojos a tu cruz levanto,
eres el arte más seguro y cierto.

¿Pero cómo, clavado, enseñas tanto?
Debe de ser que siempre estás abierto,
¡oh Cristo, oh ciencia eterna, oh libro santo!

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