«Nosotros ignoramos, pero Dios lo sabe, en qué medida hacen progresar su reinado sobre la tierra una de Lisieux, con sólo elevar los ojos al cielo durante los golpes de tos de su última ; o una madre de familia anónima que le ofrece su pesada pena; o cura de aldea que se sorbe las cuando celebra Misa ante tres solitarias mujerucas. La verdad es que, para la realización de los más grandes designios, Dios sólo emplea unos menguados instrumentos, pero que si obedecen dócilmente a su mano, con ellos transforma el mundo.»

(Chevrot, «Las bienaventuranzas»)