Blas, Obispo de Sebaste de Armenia a principios del siglo IV, goza de popularidad por un milagro que ha perpetuado la bendición contra el mal de garganta. Mientras le llevaban a su santo martirio, una mujer le llevó a su hijo que estaba muriendo con una espina de pescado en la garganta. San Blas posó sus manos en la cabeza del niño y oró. Hecho que sanó al pequeño. Sufrió la decLicinio y en el año 316 huyó para refugiarse en una gruta. Pero fue descubierto y, como no quiso renegar de Cristo y sacrificar a los ídolos, fue condenado al martirio.