el Sacramento de la Unción de Enfermos, cura la salud del alma y, si conviene, también la del cuerpo. Pues bien, voy a contaros dos episodios que presencié yo directamente:

Una tía abuela mía, que desde siempre vivió con nosotros, hubo un momento que estaba tan mal, que llegó el momento de su agonía. Llamamos urgentemente al Párroco. Vino enseguida. Le administró la Unción de Enfermos (entonces se llamaba “Extremaunción”). Comprobó y comentó que efectivamente estaba agonizando. El médico estaba al llegar. Sin darnos cuenta (en mi casa somos muy despistados) nos fuimos todos a despedir al Sacerdote, y nadie se quedó en ese momento en la habitación de mi tía… Y cuál fue nuestra sorpresa cuando, al ir de nuevo a su habitación, ¡¡¡ se había levantado y estaba haciéndose su cama !!!. Llevaba bastante tiempo enferma, curó completamente, y vivió cuatro años más.

Pasados los años ocurrió un episodio muy similar con mi padre. Dio la casualidad de que en el momento de ponerse mi padre muy mal, estaba en casa mi hermano Sacerdote, y disponía por tanto de los utensilios para la Unción de Enfermos. Mi madre y yo le dijimos que por favor se la administrara deprisa porque lo normal es que se muriera a mitad… Otro hermano se echó a correr para ir a una Clínica, que está al lado de mi casa, para que vinieran con una ambulancia. Y cuando comenzaba a bajar las escaleras, mi madre nos dijo que le dijéramos que no fuera, pues la ambulancia no iba a hacer falta ya…, que era mejor que estuviera en el momento de expirar mi padre. Y, pensando mi hermano que teníamos razón, volvió a casa. En cuanto mi hermano el Sacerdote terminó de administrarle la Unción de Enfermos (por la premura, se la administró con devoción pero deprisa, tal como le habíamos rogado mi madre y yo), mi padre ¡¡¡ se puso COMPLETAMENTE BIEN de repente !!!. Y vivió tres años y medio más. Murió a los 94 años de edad, sin ningún dolor, rodeado de todos nosotros, muy feliz y muy lleno de Dios, como había vivido siempre.

Y por último os cuento algo que no viví directamente, como los dos episodios anteriores, pero que le ocurrió a mi hermano Sacerdote hace unos dos o tres meses:

Mi hermano, además de ser Rector de una Parroquia y de tener un cargo en la Curia, es Profesor de Universidad. Hace dos o tres meses, una compañera suya le llamó al móvil y le dijo: “Ven por favor rápidamente, pues mi padre está agonizando en la UVI de tal Clínica. A ver si llegas a poderle administrar los Últimos Sacramentos”. Mi hermano, que en ese momento estaba en la Universidad, dejó todo, tomó rápidamente un taxi, se fue a su Parroquia, cogió los utensilios de la Unción de Enfermos, y con el mismo taxi se fue a la Clínica. En la UVI le dejaron pasar por su condición de Sacerdote, y los facultativos le comentaron que efectivamente se estaba muriendo. Mi hermano lo vio FATAL, le administró el Sacramento de la Unción de Enfermos, y a continuación le dijo a su compañera: “cuando ocurra (refiriéndose al fallecimiento de su padre) avísame y me ofrezco a participar en el Funeral”. Ella se lo agradeció todo mucho.

Con posterioridad esa chica le dijo a mi hermano que nada más salir él (mi hermano) de la UVI, su padre se puso de repente completamente bien. Tan bien que, a los tres días de este episodio, su padre se fue con su madre (es decir, con su mujer) a Ibiza diez días, en plan turístico… Esa chica comentó a mi hermano que ella iba diciendo a todos sus familiares y amigos que tenía un compañero que hacía milagros. Por supuesto mi hermano le aclaró que él no hacía absolutamente ningún milagro, sino que se trata de un Sacramento que cura el alma del enfermo y, en ocasiones, y si ésa era la Voluntad de Dios, también cura la salud del cuerpo.

Supongo que todos sabéis que en la actualidad este Sacramento no se administra sólo cuando se está en peligro de muerte (como ocurría antiguamente), sino que se puede administrar a cualquier enfermo, incluso a cualquier persona mayor. De hecho yo lo recibo una vez cada año. Y como tengo 60, lo he recibido ya en cinco ocasiones. Y gracias a Dios no estoy enferma de nada. La Indulgencia es Plenaria, siempre con las debidas condiciones, claro.

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