«¡Cuán cierto es que la paz no puede hallarse donde se vive vida desconcertada, sino vida de unión con Dios y con su voluntad!. Cierto misionero de Indias, asistiendo a un condenado que se hallaba en el patíbulo, oyóle decir: “Sepa Padre, que fui de su Orden; mientras observé las Reglas, viví contento; más cuando empecé a relajarme, en el mismo punto sentí pena y trabajo en todo, de tal manera que, abandonando la religión, dí rienda suelta a los vicios, que por fin, me trajeron al estado en que me ve. Le digo esto –añadió- para que mi ejemplo pueda servir de escarmiento a otros».
(S. Alfonso Mª de Ligorio, «Práctica del amor a Jesucristo»)