Y PARA MÁS I. N. R. I.


VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:
Por todas partes hay belleza, armonía, el caso está en percibirla. Nuestro corazón es un magnifico instrumento, sólo que se ha de afinar y tocar.
I. N. R. I. 
Un cristiano solía llevar su rosario en el bolsillo. 
Al crucifijo del mismo, con cruz de madera, se le cayó el cartelillo del INRI. 
Quiso cambiarle el crucifijo. 
Pero, luego, pensó que estaba mejor así. 
Que lo escrito en el cartelillo aquel no respondía a la realidad: Jesús no murió por ser rey. 
Que lo que debía figurar en dicho cartel era su propio nombre: ya que él – y yo – somos la causa real de la muerte del Señor. 
Cada vez que veía aquel crucifijo sin el INRI, era un recordatorio: “Me amó y se entregó a la muerte por mí”.

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“Me amó y se entregó a la muerte por mi” (Gals. 2, 20). Una realidad que movía y empujaba a San Pablo. Conviene no acostumbrarse. Y conviene no olvidarse. Todo un Dios muerto por mí. Nunca el hombre hubiera soñado que Dios le amase hasta ese extremo, hasta llegar a tanto. Y murió para que yo pueda ser hijo de Dios, santificarme y salvarme. ¿Está dando fruto en mi vida la pasión de Cristo?. “Me has redimido muriendo en la cruz. Que tanto sufrimiento no sea en balde” (De la secuencia Dies irae). De mí depende.