«Para el proceso de crecimiento no es importante rezar y fijarse en la fe cuando a uno se le ocurra y le apetezca, sino mantener la . (…) La fe puede perderse si sólo rezo cuando me apetece y estoy de humor para ello. La fe también necesita la disciplina de los tiempos duros; entonces crece en silencio. Igual que en los campos invernales que ocultan la cosecha. «En invierno crece el pan», dijo Ida ».

(J. Ratzinger, «Dios y el mundo», p. 301)