La MCE Summer School ofrece una semana de inmersión en teología moral y ética en la capital del Cristianismo. La sabiduría de la ética y la luz de la fe cristiana ofrecen una visión del hombre que va más allá de una comprensión meramente técnica, económica o jurídica. El objetivo de este Curso de Verano es proporcionar una oportunidad para que la fe y la razón entren en diálogo con el fin de servir a los demás, y que a su vez, puedan servir a la cultura y la sociedad contemporánea.

La MCE Summer School será impartida por el Prof. Robert Gahl, profesor de Ética Aplicada de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y el Prof. Martin Schlag, profesor de Teología Moral y Director Académico del Centro de Investigación MCE. Todas las clases serán dadas en inglés.

Veinte horas de clase serán completadas con visitas a lugares históricos y otras actividades –como cine forum o charlas con personajes de la vida cultural- en la Urbe romana. El curso, en combinación con las vivencias junto a Roma, quiere ofrecer a los estudiantes una experiencia de transformación, desafiando sus puntos de vista e invitándolos a reflexionar sobre su actividad profesional.

Toda la información y el programa completo están disponibles en el sitio web: mcesummerschool.com

Hacer eco al Papa Francisco

Con esta iniciativa se pretende recoger el mensaje social del Papa Francisco. En su Exhortación Apostólica sobre la alegría de proclamar el Evangelio en el mundo de hoy-Evangelii Gaudium– escribió: «Esta exhortación no es un documento social, y para reflexionar acerca de esos diversos temas tenemos un instrumento muy adecuado en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo uso y estudio recomiendo vivamente. Además, ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos.»(EG 184).

Sin embargo, también señaló, que la religión no puede limitarse a la vida privada, sino que los pastores de la Iglesia y los cristianos en general, «tienen derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, ya que la tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano.»(EG 182). La conversión cristiana implica también repensar la propia implicación y preocupación social.

Los estudiantes de ciencias sociales, derecho, economía, comunicación social, entre otros, se especializan en aspectos de la vida social que son de gran importancia para el futuro de la sociedad. Estudian acciones individuales que, en la red de relaciones, forman y configuran nuestra vida común en sociedad. Al mismo tiempo, debido a la tendencia a la especialización excesiva, corren el riesgo de encerrarse en sí mismos y perder la visión global que está en el corazón de las ciencias sociales.

La fe cristiana tiene una dimensión pública y social; no puede limitarse a la vida privada de uno. Al haber recibido el bautismo, el cristiano participa en una triple vocación o misión: sacerdotal, pastoral y profética (cf. LG 10-12). La misión profética, en particular, es esencial a la fe bíblica: en el nombre de Dios, los hombres y las mujeres son llamados a proclamar la verdad y la justicia frente a la mentira (información errónea), la injusticia y la opresión; y al hacerlo, se oponen al abuso de poder, sea político o económico.

«Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien ‘el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política’, la Iglesia ‘no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia’ (DCE 28). Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo.»(EG 183)