Durante meses se creyó en la maldición de la 311 en un hospital municipal de África del Sur. Cada viernes por la mañana, las enfermeras descubrían que el paciente que allí reposaba amanecía muerto. Es cierto que, al tratarse de una habitación de Ciudados Intensivos, los que la ocupaban eran personas con una salud muy delicada, y que habían pasado por todos los tratamientos importantes, pero no estaban en peligro de muerte. El equipo médico, perplejo, pensó en una contaminación bacteriológica del aire de la habitación. Alertados por las familias de las víctimas, las autoridades pidieron una investigación. Los «inquilinos» de la 311 seguían muriendo a ritmo semanal y se terminó por organizar un escondite en la habitación (para vigilar lo que ocurría). Y el misterio se disipó: cada viernes por la mañana hacia las 6 de la mañana, la mujer de la limpieza desenchufaba el respirador artificial del paciente para conectar su aspirador…