Lo mejor, como regla general -con excepciones- es decir la verdad, aunque no sea creíble. Siempre será explicable.

Tres amigos suben el monte, pero uno de ellos, Obispo de Huesca, se despista. 
Total, que se pierde y  anda sin rumbo fijo por los Pirineos hasta que da con tres excursionistas. Por supuesto no hay traje de cura excursionista, por lo que iba vestido de montañero. Después de un descenso animadísimo por una conversación llegaron al pueblo, y se despidieron.
– Hasta la vista. Soy el Obispo de Huesca.
Una de las chicas, a broma, le dijo: