Vamos a corregir; vamos a dialogar; vamos a mantener los canales de comunicación abiertos.
Es difícil entender el corazón del adolescente, sobre todo cuando no hay diálogo. Mucho más cuando se interpreta erróneamente el lenguaje corporal.
He aquí todo el tierno  reproche y todo el dolor de un lector de ANECDONET de quince años que abre su joven corazón a su padre.
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¡¡¡Cómo me gustaría Papá!!!

Papá… hoy ya tengo 15 años y me acuerdo que cuando tenía 8 me dijiste que debía hacerme cargo de mi familia…

-no te pudiste imaginar que, aunque era muy chiquito, me sentí responsable de todo lo que pasaba…

Pero ese día mi hermana se cayó y me gritaste con ira.

-¡¡¡¿Por qué no la cuidaste?!!!!….Y yo me puse a llorar.

Papa…¿No te acuerdas cuando llegabas del trabajo y mi hermana y yo estábamos en la cocina y le preguntaste a mamá: ¿y mi hija como está?…

No te pudiste imaginar que yo me senti menos y que nunca te acordaste de mí…
Papa yo necesitaba que preguntaras por mí. Muchas veces me golpeaste y hoy me quieres adular y tengo miedo de tus caricias por que ya no las recuerdo.