LA CONFESIÓN: EMPEZAR DE CERO


Empezar de cero

Una de la mejores películas del año 1995, dirigida por Robert de Niro -su primera aventura como director cinematográfico- fue “Una historia del Bronx”. De Niro, que se conoce bien el ambiente de ese barrio neoyorkino, porque él mismo se crió en los escenarios del film, presenta los recuerdos de un chico en la infancia y en la primera juventud. A la edad de nueve años, el pequeño Calógero -excelentemente interpretado por el niño Francis Capra- es testigo presencial de un asesinato cometido por un gángster de origen italiano, Sonny, amo y señor del barrio, pero no le delatará a la policía, cuando le piden que lo identifique, porque piensa que no debe convertirse en un soplón. Sin embargo le remuerde la conciencia, porque, miradas las cosas desde otro punto de vista, le resulta claro que no ha obrado bien.

El pequeño va a su parroquia a confesarse y, entre las pequeñas travesuras de las que tiene que acusarse, expone que ha sido testigo de un crimen y que no ha facilitado la labor de la policía. El sacerdote pone cara de sorpresa, pero ante el deseo del niño de no dar más detalles, no insiste en preguntar y le da la absolución tras imponerle unos padrenuestros de penitencia. Es todo un poema ver la cara de Calógero de alivio y felicidad cuando abandona el templo. La voz “en off” narradora de los acontecimientos, que es la del muchacho relatando sus recuerdos a la edad de diecisiete años, hace este ajustado comentario:

-Qué suerte ser católico, porque gracias a la Confesión puedes partir de cero.

 Extraído de aquí.

La amaba más

Tiene Santa Catalina de Siena una cuñada llamada Lisa, casada con su hermano Bartolomé. Una mañana Lisa sin decir nada a nadie va a un templo apartado y hace confesión general. Cuando regresa a casa Catalina le dice:

-Lisa, eres una buena hija.

La cuñada se muestra sorprendida, pero Catalina le hace ver que no se le ha escapado el detalle -¿cómo podía saberlo?- y que está al tanto de lo que acaba de hacer. Y añade:

-Te amo de todo corazón y te amaré siempre, por lo que has hecho esta mañana.

Cfr. G. Papàsogli, Santa Catalina de Siena, Reformadora de la Iglesia