“Sed piadosos, hijos de mi alma. Ya desde que os levantáis por la mañana, decid a Nuestra Señora con amor las oraciones que os enseñaron vuestras madres: yo las rezo despacio: Bendita sea tu pureza…; Oh, Señora mía! ¡oh, Madre mía!… Son unas plegarias encantadoras. Repetidlas mientras os arregláis, hasta que llegue el momento de recibir al Señor, a , prisionero de amor en el Sagrario; prisionero, sencillamente, porque nos quiere.

Amando a la Virgen éis a ser contemplativos, a hacer las cosas con naturalidad y sencillez, sin rarezas. Sed piadosos, y todo marchará bien en vuestra vida”.

San