“¡Qué seguridad la nuestra cuando, en esta lucha que supera las fuerzas humanas, nos acogemos a la de la Virgen! Ipsa tenente, non corruis!: si Ella te sostiene, no te hundes, no te hundirás jamás, clamaba S. Bernardo. Ipsa duce, non fatigaris!: si Ella te conduce, no te cansas, no te cansarás. Ipsa propitia, pervenis!: si Ella te ayuda, llegas: puedes estar de que llegarás”.