Literatura

CAZA CON HURONES (RAMÓN BONIFACIO, ESTHER)

Esther Ramón es doctora en Teoría de la Literatura y Literatura comparada por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha escrito artículos para diversas publicaciones como Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Libros, Archipiélago o El Crítico y varios de sus poemas han sido publicados en diferentes revistas y suplementos culturales como ABC Cultural, La alegría de los naufragios, La hamaca de lona, Salamandra o Anémona. Algunos de sus poemas han quedado recogidos en antologías como Poetas en blanco y negro (Abada, 2006), Poetas a orillas de Machado (Abada, 2010), o Pájaros raíces, en torno a José Ángel Valente (Abada, 2010). Ha publicado los poemarios Tundra (Igitur, 2002), Reses (Trea, Premio Ojo crítico 2008) y grisú (Trea, 2009), y está en prensa su libro Sales (Amargord). Ha sido profesora de poesía española y coordinadora de un taller de poesía en Bates College (Lewiston, Maine, USA), con una beca de la Mellon Foundation. En la actualidad trabaja como coordinadora de redacción de la revista Minerva (Círculo de Bellas Artes de Madrid), coordina el taller Poesía en el límite, en los talleres de escritura creativa Fuentetaja, es profesora de poesía española en el programa en Madrid de la New York University y codirige, junto con Juan Soros, el programa de poesía de Radio Círculo Definición de savia.

CAZA DE CONEJOS (VARLOTTA LEVRERO, JORGE MARIO)

Una obra maestra del escritor uruguayo Mario Levrero, convertido en referente imprescindible de la actual literatura latinoamericana. Las imágenes de la prestigiosa artista catalana Sonia Pulido hacen de esta inquietante cacería surrealista una gran trampa, urdida por los conejos para atrapar definitivamente a los hombres.

LA AUDIENCIA VA DE CAZA . ANDANZAS DE UN JUEZ DE PUEBLO (MIGUEL ÁNGEL)

Hay un dicho latino de origen medieval que acude a la memoria leyendo estas experiencias de un juez: «No hay verdadera justicia sin bondad» (Nulla iustitia est vera sine bonitate). ¡La verdadera justicia, casi nada! Algo inalcanzable, y en cualquier caso temerariamente incierto. «No juzguéis y no seréis juzgados», se dice en los Evangelios, pero ¿qué pasa cuando uno está en esta vida, profesionalmente hablando, para juzgar, cuando se juzga por obligación porque se es juez? ¿Se espera de él que sea como una máquina de dispensar sentencias -es tentador el uso aquí del verbo despachar- pulsando las teclas de los códigos legales que corresponden a cada asunto? A tal delito probado, tal castigo, quizá con un tanto por ciento de descuento por los atenuantes que establece la ley; o al revés, con mayor pena por premeditación, nocturnidad, alevosía, etc. Todo previsto y regulado, bien medido, sin posible error ni alternativa. Olos jueces no deberían serlo sin bondad, administrando justicia, por así decirlo, después de consultar con su corazón. Sistema tan subjetivo que no permitiría dar sentencias sólidas, con base legal. Entre los dos extremos, la impasibilidad (que en latín significa, ay, ser incapaz de sentir) y la efusión del sentimiento, los jueces parecen condenados por sí mismos a desdoblarse dramáticamente en dos personas antitéticas, tal vez inconciliables. Al leer estas páginas de Miguel Ángel del Arco Torres se revive este conflicto interior que no tiene solución. Dura lex, se suele decir, pero hay que atenerse a ella y, en medio de la intrincada selva de casos judiciales que se nos describen, no es posible dejar de sentir compasión por tantas víctimas de la justicia ciega, y quizá no siempre hecha en beneficio de los más débiles. Y es inevitable pensar que cuando uno de éstos va a ser aplastado por la maquinaria de las leyes, ¿por qué no saltárselas a la torera prestando oídos a la conciencia? En el capítulo cuarenta y dos de la segunda parte de El Quijote el caballero da unos consejos a Sancho para que sea buen juez en el gobierno de su ínsula; máximas de oro, llenas de bondad y sentido común, como «no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo», o «si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia», término este último que remite etimológicamente a un corazón que se apiada. Cervantes, tan humano, que sufrió penas de prisión, por lo que creemos saber a causa de jueces demasiado severos, sugiere que hay que ser bueno, y el príncipe Hamlet viene a decir lo mismo cuando recuerda a Polonio que hay que tratar a los demás mejor de lo que se merecen, ya que si los tratamos según sus méritos, «¿quién se iba a librar de unos azotes?». Estamos hablando de una novela, de una obra de teatro, es decir, ficciones, mentiras, aunque muy significativas, pero en la vida cotidiana es dudoso que pueda hacerse lo mismo. Dudoso y muy difícil. En cada página de este libro de Miguel Ángel del Arco Torres se advierte un desgarramiento moral, preguntas que no tienen respuestas claras, siempre el desánimo y la desazón de vivir unas situaciones que casi nunca admiten una salida digna. Aquí Su Señoría (por cierto, un pomposo título, prácticamente nobiliario, para personas puestas en el fiel de la balanza) se despoja de su toga y comparte con nosotros sus dudas, su inquietud, a menudo su dolor ante todo lo que pasa por sus manos. En forma de papeles, aunque en cada uno de ellos hay vidas. Es quien tiene que «administrar esta cosa sutilísima, invisible, casi fantástica, que se llama Justicia, y que los hombres aseguran que no existe sobre la tierra», según palabras de Azorín (y hay que ver qué adjetivos tan certeros encuentra el escritor). Como si manejara a golpe de fórmulas legales personas de carne y hueso, y él, con temor y temblor, tuviera que decidir su destino, haciéndose responsable de lo que será de ellos. Antes los jueces se veían como un poder oculto y casi inaccesible, proverbialmente se decía de alguien que tenía cara de juez cuando se mostraba adusto y catoniano; parecían como una emanación de la abstracta Justicia; en el cine los veíamos como la última palabra que zanjaba nuestros conflictos, severos, inflexibles, ¿eran de este mundo? Y de ellos se hablaba muy poco, parecían lejanos, impersonales. Todo ha cambiado, ahora en la prensa y en la televisión hay muchas noticias de jueces, conocemos su nombre, su semblante, los casos en que se ocupan, si entran o salen de un juzgado les asedian periodistas y fotógrafos, y las cámaras registran su aire esquivo y superior, siempre con prisas, sin rebajarse a contestar a lo que les preguntan. Algunos son verdaderas vedettes, y su nombre es casi tan popular como el del más célebre de los futbolistas. La carrera judicial les viene estrecha, no ocultan su ambición, escalan puestos, entran y salen de la vida política, quieren ser por lo menos ministros, si nomás, y no le harían ascos a juzgar desde altísimos sitiales a los hombres más malos del mundo entero. Sus sentencias son controvertidas y más o menos inexplicables, manifiestamente reciben consignas de los que mandan, retrasan años y años los asuntos que conviene retardar, sin dar explicaciones... El juez que se confiesa en este libro no es de ésos. Es un hombre que ha visto y padecido muchas cosas, desde la posguerra hasta hoy, de origen modesto y a quien nadie le ha regalado nada; tiene una larga experiencia de inocentes atropellados por la ley, de sinvergüenzas, de casos de abuso y venalidad, de situaciones que no se pueden resolver. También de hombres justos que han hecho lo posible: cumplir con su deber. Porque en el laberinto del mundo judicial no faltan las personas buenas, con rectitud de criterio, conscientes, ejemplares. También ellos son la Justicia, aunque a menudo parezcan menos visibles, porque lo monstruoso llama más la atención. Alguien dijo que con los buenos sentimientos se hace la mala literatura, y tal vez se equivocó por el afán de hacer una frase cínica. Pero lo cierto es que en la historia de la novela se recuerdan más las caricaturas atroces que las visiones más ponderadas. Seguimos leyendo El primo Pons de Balzac, Casa desolada de Dickens, El proceso de Kafka... Atropellos, injusticia, venalidad, horrores... Miguel Ángel del Arco Torres no es precisamente el primero en denunciar estas lacras, el lado oscuro de la ley, pero si algún lector quiere equilibrar la balanza contando experiencias muy distintas, se le agradecerá la puntualización. Como suele decirse, cada cual habla de la feria según le ha ido. Y este juez que ha vivido mucho ¿qué puede hacer? Pues contarlo, con pasión y humildad, sin escándalo, evitando los nombres propios, pero con todos los detalles, para que no quepa la menor duda. Seriamente, porque los temas son serios, pero también con mucho humor, que es la sal de la vida, con un sinfín de pormenores chuscos y disparatados que configuran una magnífica crónica de la vida judicial. A veces con fantasías irónicas, otras descendiendo a descarnadas anécdotas, siempre ameno, expresivo, claro, para que le entienda todo el mundo, para que sepamos cómo se puede ser juez y sobrevivir a esos duros trances. En ocasiones narrando episodios de pura chanza, porque en la vida hay de todo, a menudo con sucesos terribles que dejan un poso de amargura, porque no siempre se pueden resolver los problemas con la ley en la mano; sin olvidar evocaciones personales, historias agridulces, fantasías divertidamente reveladoras (como la del «juez de la horca», que el cine ha hecho imperecedera y que podremos leer en la segunda parte de estas memorias), paradójicas situaciones («El mecanógrafo pensante») que nos hacen descubrir el envés de las sentencias más solemnes. También se nos habla de personajes -testigos y peritos falsos, confidentes o soplones- que son el lado oscuro, y puede que necesario, de la Justicia. Miguel Ángel del Arco Torres sabotea el abstruso ritual del lenguaje forense -secreto para los profanos, es decir, para casi todo el mundo, no sea que alguien pueda entenderlo y discutirlo- y, con tacto y una fina sensibilidad, rehúye las moralejas; no quiere teorizar, dejando que los hechos hablen por sí mismos; se sitúa pulcramente al margen de las trifulcas políticas; más que presumir de tener razón, quiere poner al descubierto la verdad de los dramas que ha vivido. No aspira a demostrar nada, la realidad no se demuestra, sólo se hace visible. Para que entendamos. La Justicia, así, con mayúscula, se ha representado mil veces en la historia del arte; fijémonos en una de sus alegorías: en la basílica de San Pedro al admirable Bernini se debe el monumento al papa Urbano VIII. El Pontífice, en bronce, levanta la mano derecha para bendecir -quizá también para imponer su autoridad, no se sabe-, a sus pies el sepulcro, del que sale una figura alada de la muerte, y a ambos lados, apoyándose en el sarcófago, en mármol blanco, el Amor (Caritas), la mayor de las virtudes cristianas según san Pablo, y la Justicia, la principal de las virtudes cardinales. La Justicia lleva una enorme espada, símbolo de su autoridad y poder, pero no la empuña, la deja descansar sobre el hombro; a diferencia del Amor, que sonríe dando el pecho a un niño, parece pensativa, ensimismada, en lo que alguien ha llamado «un éxtasis de tristeza» que tal vez busca inspiración en las alturas o dentro de sí misma. Un amorcillo juega entre los pliegues de su manto, como podría hacer un niño travieso, porque la vida cotidiana no le puede ser ajena. Y desde luego no tiene ninguna venda ante los ojos, es muy posible que lo que haya visto no fuera halagüeño, somos así, no cabe la menor duda, y reflexiona cavilosamente. Antes de echar mano al espadón hay que pensárselo bien y, por qué no, dar testimonio de lo vivido. Señoría, gracias por estas palabras doloridas y exigentes que no sólo hablan de una profesión muy difícil («imposible» la considera Azorín), sino que también retratan la condición humana y nuestras contradicciones

CAZA DE CONEJOS (LEVRERO, MARIO)

Una obra maestra del escritor uruguayo Mario Levrero, convertido en referente imprescindible de la actual literatura latinoamericana. Las imágenes de la prestigiosa artista catalana Sonia Pulido hacen de esta inquietante cacería surrealista una gran trampa, urdida por los conejos para atrapar definitivamente a los hombres. Durante más de tres décadas, y a pesar de haber publicado una docena de libros, Mario Levrero (Montevideo, 1940-2004) fue un escritor casi secreto, venerado por un selecto pero reducido grupo de lectores. A su muerte fue por fin descubierto por los grandes grupos editoriales, que lo reconocieron como uno de los latinoamericanos más notables de la segunda mitad del siglo XX e hicieron por primera vez circular su obra en todo el ámbito de nuestro idioma.

VACUNOLOGÍA BASADA EN LA EVIDENCIA (MARTINEZ SANZ, ELENA)

El Hospital Universitario Puerto Real (Cádiz) acogió el 15 de marzo las I Jornada de Vacunología basada en la evidencia, organizadas por la Unidad de Formación y Gestión del Conocimiento del centro hospitalario, dirigidas y coordinadas por el Dr. Ruiz Aragón. Fruto de esta jornada surge este libro en donde sus 18 ponentes escriben un libro que se sustenta en el contenido de sus interesantes ponencias. Con el desarrollo de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE), se establecen unas pautas determinadas que pueden ayudar a los clínicos en la toma diaria de decisiones, basándose en la calidad de la literatura científica existente de un tema específico, como pueden ser estudios relacionados con las vacunas. De ello se ocupa este libro, recopilando todos aquellos conocimientos que diferentes autores, microbiólogos, pediatras, preventivistas, enfermeras etc? expondrán conceptos de gran interés en torno al mundo de la vacunología.

RENACIMIENTO . EL PODER DEL EVANGELIO EN TIEMPOS DE TINIEBLAS (GUINNESS, OS)

"Vivimos tiempos oscuros. Los cristianos se preguntan: ¿Han pasado ya los días gloriosos de la fe cristiana? ¿Son algo irrecuperable? ¿Ha hecho la modernidad que el pensamiento cristiano parezca caduco e irrelevante? ¿Está la sociedad más allá de toda esperanza de redención y renovación? Os Guinness declara rotundamente que no es así en absoluto. A lo largo de la historia, la fe cristiana ha transformado culturas y civilizaciones enteras, construyendo catedrales y universidades, proclamando el amor, la belleza y la verdad de Dios a través del arte y la literatura, la ciencia y la medicina. En su llamamiento a una transformación cultural, Guinness muestra oportunidades para los creyentes, tanto a nivel local como global, para recuperar Occidente y contribuir de forma constructiva a la humanidad del futuro. ¿Puede realmente la sociedad actual experimentar redención y cambio? ¿Sigue siendo el cristianismo relevante en el mundo sin fronteras de hoy? Os Guinness afirma que sí lo es."

FLOS MEDICINE (REGIMEN SANITATIS SALERNITANUM) (FRUTOS GONZÁLEZ, VIRGINIA DE)

El poema médico medieval Flos medicine ?conocido más frecuentemente bajo el título de Regimen sanitatis salernitanum- se inserta en una tradición de literatura higiénica y dietética cuyas obras se conocen bajo el nombre de regimina o regimina salutis, regímenes de la salud, es una de las obras más difundidas de la Escuela Médica de Salerno y un texto clave de la medicina preventiva en el que se exponen diversos preceptos higiénicos, dietéticos y terapéuticos. La importancia del mismo se encuentraavalada por la amplia difusión de la que gozó en toda Europa durante la Edad Media y el Renacimiento, así como por las numerosas huellas relativas a la cura de enfermedades que ha dejado en el refranero y en la sabiduría popular.En este trabajo desarrollado en el seno del equipo de investigación Speculum Medicinae, de proyección internacional, se presenta la primera edición crítica de esta obra, acompañada, además, por la primera traducción española de la misma. Asimismo, se incluye un profundo análisis de su título, género literario en el que se inscribe, contenido, fuentes principales, época en la que se compuso, autoría, métrica ypervivencia y un breve glosario en el que se hace referencia a los simples compuestos empleados como fármacos e ingredientes medicinales en el poema.

DROGODEPENDENCIAS EN EL CINE Y EN LA LITERATURA, 2ª ED. CORREG. Y AMPL. (VELASCO MARTIN, ALFONSO / VELASCO SENDRA, ALFONSO)

El libro es una segunda edición, corregida y aumentada, de la primera edición de ?Drogodependencias y literatura?. En esta nueva edición se incluye un nuevo capítulo sobre ?Drogodependencias en el medio cinematográfico?.También se ha ampliado el apartado de ?Bases neuroquímicas de los trastornos adictivos?, insistiendo en el papel de la dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer, el orgasmo y las conductas adictivas.Se han elaborado una serie de monografías sobre: Opiáceos, hipnóticos, alcohol etílico, psicoestimulantes y alucinógenos. También se describe brevemente la Farmacología sistemáticas de estas sustancias en un lenguaje asequible para cualquier lector.La obra se completa con una amplia bibliografía que recoge las últimas monografías publicadas incluyendo las más modernas terapias de desintoxicación ultrarrápida que han revolucionado la conducta terapéutica en los trastornos adictivos y con un amplio índice alfabético de materias que incluye sustancias adictivas, autores e intérpretes.

LA SOMBRA DEL VAMPIRO. SU PRESENCIA EN EL SÉPTIMO ARTE (LEONCIO GONZÁLEZ HEVIA)

De la lectura de estas páginas cabe esperar la sorpresa que experimentarán muchos al ver que nuestro autor califica de «cine religioso» a este género por el que Drácula y otras noctámbulas criaturas se mueven con solvencia. La razón para colocarle tal etiqueta a estos filmes, hemos de buscarla en una filosofía de la religión que reconoce como núcleo de la primera fase de la misma a entidades dotadas de voluntad, a númenes o animales con los que los hombres del Paleolítico se relacionaron. Si estos, los animales, fueron los primeros dioses, sus atributos contribuirán, en una segunda fase de religiosidad, a construir criaturas híbridas como puedan ser los vampiros. Se trata, en definitiva, y así lo hace González Hevia en torno a esta cinematografía y la literatura que la sustenta, de demostrar la divina animalidad de los vampiros, circunstancia que le sirve para, con gran erudición, exponer las discusiones históricas en torno a estos seres. Se abre de este modo, una disyuntiva consistente en, por una parte, una teoría demoníaca que permite que el Diablo pueda resucitar difuntos que darán lugar a vampiros; y una segunda de carácter divino que consistirá en la transferencia al Demonio, por parte de Dios, de tal poder. Un problema que encontró solución, desde la racionalidad católica, en la afirmación de la inexistencia de tales númenes, que quedarán desplazados al terreno de lo fantástico. Pese a todo, y dejando atrás unos debates en los que participó el propio Sto. Tomás, al auxilio de la operatividad fabuladora del mito, acudirá la Medicina, sirviendo ejemplos de catalepsias y entierros prematuros el lector recordará aquí el relato de Poe-, pestes, hematomanías, necrofilias y otras patologías hábilmente explotadas por avisados escritores, periodistas y cineastas. Es tras esta profunda y concisa introducción, sustentada, por otra parte, en interesantes indagaciones etimológicas, cuando González Hevia comienza el exhaustivo repaso por una cinematografía que le permitirá, no sin una ironía muy de agradecer, ir desgranando un gran número de películas en las que, unidas a consideraciones históricas o técnicas, el autor ejerce la crítica sin renunciar a mostrarnos sus gustos estéticos aplicados tanto al séptimo arte como a los intérpretes y directores que han hecho posible la terrorífica y a veces erotizante confección de tal género.

MIS MAESTROS Y MI EDUCACIÓN . UN HOMBRE ANTE SÍ MISMO (RUBIO Y GALÍ, FEDERICO)

Federico Rubio y Galí (1827-1902) el autor de estas casi olvidadas y amenísimas memorias de infancia y juventud, fue un destacado protagonista de la vida española de la segunda mitad del siglo XIX. Como médico cirujano alcanzó grandes éxitos y una notoria popularidad y también resulta relevante su incursión en la política de la primera República y su influencia en los inicios de la Institución Libre de Enseñanza. El que estas memorias no abarquen su vida total sino solo lo que podríamos llamar los años de aprendizaje no le restan a estas memorias nada que importe ni disminuya su abrumadora humanidad y su sonriente encanto. Una pequeña joya de la literatura autobiográfica del siglo XIX prologada en la presente ocasión por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, gran admiradora de esta obra. «El doctor Rubio nos habla de la necesidad de inculcar en todos y cada uno de nosotros la empatía. Y lo hace cuando estamos en pleno siglo XIX. El ser humano es siempre el protagonista de sí mismo y de su capacidad de ser feliz, útil, bueno e imprescindible, al modo en que lo proclama Bertolt Brecht». Manuela Carmena Federico Rubio y Galí (El Puerto de Santa María, 1827-Madrid, 1902). Estudió medicina en la Facultad de Cádiz, y en 1850, muy poco después de conclusa su licenciatura, obtuvo una plaza en el Hospital Central de Sevilla. Pronto consiguió allí crédito prometedor; pero razones políticas, él fue siempre liberal y republicano, le obligaron al exilio. Como lugar de residencia eligió Londres, igual que Alcalá Galiano treinta años antes; para él, el Londres donde con tanta brillantez triunfaba sir William Fergusson, cirujano de «ojo de águila, corazón de león y mano de dama», según el altisonante mote con que le distinguieron sus compatriotas. El contacto con Fergusson fue sobremanera fructífero para Rubio. A su vuelta, en efecto, puso a nuestra cirugía en el nivel de la europea, con su temprana ejecución de intervenciones quirúrgicas todavía muy recientes y osadas: la ovariectomía (1860), la histerectomía (1861), la nefrectomía (1874), la laringectomía total (1878); y pensando en la formación científica del médico, tan deficiente en la España de entonces, organizó privadamente cursos prácticos de histología y microbiología. No olvida entre tanto su ideal republicano. Tras la Gloriosa es elegido diputado a Cortes (1869); en las cuales, aun admitiendo, cómo no, la separación entre la Iglesia y el Estado, defiende un proyecto de ley encaminado a que las Diputaciones y los Ayuntamientos se hicieran cargo del presupuesto del culto católico. La República le nombra embajador en el Reino Unido (1873), y sale airoso del empeño. Pero el hundimiento del régimen republicano le hace renunciar de por vida a toda actividad política. Seguirá, por supuesto, fiel a sí mismo, y pertenecerá al Partido Federal; no pasará de ahí. Desde 1875 hasta su muerte, en 1902, la práctica hospitalaria y privada, su original, tenaz y valioso esfuerzo por elevar el nivel científico y técnico de la medicina española y su varia labor publicística, llenarán por completo sus horas.

USOS I TRADICIÓ DE LES LITERATURES CLÀSSIQUES A LES LITERATURES MEDIEVALS

En aquest llibre s'estudien aspectes de la recepció de ?tòpics?, ?personatges? i ?estructures literàries? des de les literatures grecollatines a les literatures medievals. Es tracta d'uns estudis interdisciplinaris en la recerca literària actual sobre recepció literària, farcida d'intertextualitats i d?influxos. Així, s'estudien alguns paradigmes de recepció de les literatures grega i llatina clàssiques en les literatures hispanes medievals, tot proposant nous viaranys de renovació filològica a partir de temes de recerca força concrets, com ara la matèria de Troia a la literatura medieval espanyola, una altra veu d'Ausiàs March, entre Ovidi i la psicologia aristotèlica, Virgili i d'altres fonts en Andreu el Capellà, la història de Camar (Curial e Güelfa) vs. Dido (Virgili), el repertori fabulístic en l'Aesopus llatí de Gualterus Anglicus, Galè en la medicina medieval, la Grècia de l'edat mitjana en els cronistes catalans, les lectures clàssiques a la cort d'Isabel I de Castella, o bé l'anàlisi d?algunes idees medievals sobre tragèdia, entre d?altres."

EL EMPLEO DEL TIEMPO : REFLEXIONES Y APUNTES DE UN CIRUJANO DEL SIGLO XX (GUARNER, VICENTE)

Libro autobiográfico en el que el autor pA de la descripción de su vida juvenil antes de la Guerra Civil española para hacer, entremezclando temas de medicina, literatura, música y pintura, un resumen de su larga y fructífera vida, de sus logros y descubrimientos, de sus estudios en diversas universidades y de su desempeño profesional en México. El análisis que hace de la medicina incluye un capítulo, en extremo divertido, en el que presenta cómo han visto la profesión médica diversos escritores.

EL LIBRO DEL CHOCOLATE (MOTA OREJA, IGNACIO H. DE LA)

El origen del cacao se pierde en la nebulosa de los tiempos para mezclarse con leyendas muy diversas. Todas ellas sitúan la aparición de este delicioso alimento en el paraíso terrenal. No podía proceder de otro lugar un producto que, además de medicina agradable al paladar y alimento energético, constituye una golosina de gran prestigio social, deseada por personas de todas las edades y en cualquier lugar del mundo. El libro del chocolate relata la historia, plagada de anécdotas, de la bebida de los dioses mayas y aztecas que descubrió a Colón y conquistó Europa. Describe los tipos de árboles, el proceso de cultivo y cosecha del cacao, las diversas formas de preparación y las clases de chocolate. Acompañado de numerosas ilustraciones, incluye curiosidades sobre el chocolate, su papel social, su importancia en el mundo de las artes plásticas y la literatura y sobre las viejas y entrañables chocolaterías de España. Por último, proporciona un extenso y variado recetario con el chocolate como principal ingrediente.