Poesía de poetas individuales

LA HIBERNACIÓN DE LOS MOLUSCOS (TORRERO SAIZ, CARLOS)

La hibernación es la capacidad que tienen ciertos animales para adaptarse a condiciones climáticas internas extremadamente frías... Durante la hibernación, el metabolismo de los animales-poetas decrece hasta un nivel muy bajo, además de tener una tempera

EL SILENCIO DEL OLVIDO (GARCÍA MARÍN, FRANCISCO)

Poeta consagrado, tal vez, pero ahora no importa; queremos ver al hombre y así aparece en sus nuevos versos; un hombre que manifiesta la ilusión, la lucha, el sentimiento, la sinceridad más honda, que necesita del reclamo de ?los otros? constantemente. Y así comparte sencillez y sentimiento con poetas que admira profundamente como Borges, Neruda, Bécquer... Y se transmuta continuamente para recrear el mundo, su mundo... Pero el poeta sueña, el sueño de la vida que por fin le ha llegado (herido como estaba de silencios y de vacío), ahora todo ha cambiado, la armonía de AMOR y su misterio... ?Tú duermes y yo te miro, y al mirarte fluyen versos, versos que salen del alma?... Refrenda cada momento y lo inmortaliza, dando una oportunidad a lo espontáneo, lo sencillo, la naturalidad, la impronta de lo genuino, de lo más hondo que ha vivido a fuerza de dolor y de vacío... Ahora es el culmen de la dicha, de la vida que renace, y necesita de la palabra (verso o prosa, qué más da) para expandir su ser, como reacción a la vida que se le ha brindado como un nuevo retoño de la primavera.

TODAS LAS VECES QUE NOS VOLVIMOS LOCOS (MAR, MARTA)

Aquí hay preguntas y respuestas, aunque no siempre coincidan las unas con las otras. Aquí hay poesía dolorosa y dolorida, pero sin más exhibicionismo que el que implica escribir sobre uno mismo, tanto en sentido figurado como en sentido literal: uno mismo como tema y también como superficie del poema: la propia piel y su desconcierto. Y debajo de todo eso, hay también hambre de felicidad, la intuición de futuras tormentas que laven las ventanas para poder asomarnos a ellas sabiendo que la normalidad es apenas una alucinación colectiva, y que hay muchas locuras a las que volver. Y que todas serán extraordinarias. CARLOS SALEM

¡A POR ELLOS! (EDGERTON, MILLS FOX)

Mills, el depredador que observa y narra. Enfoca la vista con la estilográfica en una mano y la libreta en otra. Mills está a tu lado en la calle, en una exposición de arte contemporáneo e incluso en tu propia casa, dentro de tus ojos. El poeta calibra tu sonrisa y desentraña los arcanos de la mirada. Mills, eterno observador, paciente… A veces sintiendo que su propia vida reside en la observación ajena. Milimétrico y audaz refleja en sus versos cada gesto, mueca o ademán del ser humano. Estudioso del semblante ajeno como forma de conocimiento propio, como cauce de identidad en el propileo del ser. ¡A por ellos, a por la propia vida, a por la comprensión de la esencia y particularidad!

ODAS (OLDS, SHARON (SAN FRANCISCO, U.S.A., 19 DE NOVIEMBRE DE 1942))

Su voz es valiente, original, claramente adelantada a todo lo que la rodea. El riesgo cae en sus poemas con firmeza porque la autora sabe que las palabras, esas que perfila con la sencillez que sólo tienen los maestros, están por encima de peligros y consecuencias. Y eso, en un mundo en el que apenas se describe la realidad tal y como es, cruda y vital, es lo que la convierte en una de las voces más rompedoras de este siglo.

PARA PIANO SÓLO . ALGUNOS POEMAS (1983-1996) (CHEVILLY DE PEDRO, BERNARDO)

Un poeta es su palabra. Y también sus silencios y su propio carácter. Hay poetas que sienten mucho y sin embargo dicen poco, pero profundamente. Bernardo Chevilly es uno de ellos. Apoyado en el silencio de la propia creación y en su amplio conocimiento de la música, nos va introduciendo en un mundo de pocas palabras, esencial diríamos, para transmitir una belleza sutil, basada en la inteligencia y el conocimiento. Chevilly es un poeta mesurado y de entraña lírica, que basa su lenguaje en la música y el sonido de las propias palabras, en ese filo que hay entre lo meramente musical y lo cognoscitivo. El poeta labora en la soledad y sabe que lo que nombra se marchita, como una ley inexorable de la física, la entropía. Es por ello que actúa con infinito cuidado en ese espacio mínimo del verso para dejar lo esencial, aquello que si quitásemos algo más ya no sería poema. Desde este punto de vista, Bernardo Chevilly es un poeta cuántico, que obra en un microcosmos diminuto que termina por explicar un macrocosmos infinito. Lo es en el sentido en que sabe que su arte es efímero por su propia fragilidad y belleza, con la caducidad del ocaso y con su eterno regreso. La memoria, y con ella la reconstrucción mediante un proceso mental de la propia vida, no sólo como experiencia, sino como sensación, son fundamentales. Porque es el poeta quien reordena el mundo. Aquí el poeta no sólo nombra, sino que investiga y descubre las partículas elementales del lenguaje y de la emoción para con ellas crear otros mundos posibles y paralelos, nuevas vivencias o recuerdos olvidados. En su libro Oratorio apócrifo (1983), cuatro elementos se unen para construir ese universo: la música, la luz, lo religioso y lo profano se revelan como el hilo conductor de la belleza. Ya el título nos refiere a una pieza musical religiosa, pero irónicamente apócrifa, esto es, falsa, no auténtica o no de inspiración divina. Profundamente humana, pero con una religiosidad metafísica más que con la fe del carbonero. La ironía llega al máximo cuando en cada poema se nos avisa con un ad libitum de la posibilidad de tocar el pasaje a voluntad, cada uno con el tempo que crea conveniente. Religiosidad humana y libertad de acción, oratorio profano y amor físico y metafísico, tan cercano al dolor.