TREN DE VIDA (1992-2002) (ANTONIO JIMÉNEZ PAZ)
Aunque Antonio García Ysábal no lo incluyera, ni hiciese mención de él, en La nueva poesía canaria, que antologaba a siete poetas que lanzaron su primer libro entre 1988 y 1998, Antonio Jiménez Paz (San Andrés y Sauces, La Palma, 1961) es una de las voces más personales del actual panorama de la poesía en las Islas. Con cuatro poemarios en su haber (tres publicados y un cuarto inédito), el autor de Diario de la distancia irrumpió en el mundillo literario, como tantos otros, en pos de un sueño: "narrar el éxito de su desesperación", de donde han surgido, por lo demás, muchas de las mejores páginas de la literatura universal. Sin embargo, las primeras incursiones literarias de Jiménez Paz no tuvieron lugar en el terreno de la lírica, sino en la narrativa -obtuvo en 1986 el premio "Félix Francisco Casanova" en dicha modalidad-, hasta que pronto, a comienzos de los 90 de la pasada centuria, descubrió en la poesía su verdadera vocación, faceta en la que también ha recibido algunos galardones, como el accésit Premio Emeterio Gutiérrez Albelo (Tenerife, 1991), el accésit Premio Esperanza Spínola (Lanzarote, 1991) o el Premio Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1995), otorgado por la Asociación de Jóvenes Escritores de España.INTERLUNIO (PUCHOL PÉREZ, Mª ROSA)
Detrás, el miedo, profundidades desconocidas que rodean la noche. Acepto el reto como un pequeño desafío, pequeñas agujas en mi corazón, pequeño mundo sostenido entre mis brazos.INANE (NAVARRO, ISABEL)
Inane es una cuenta atrás, pero al llegar a su final, como en la tragedia de Shakespeare, sólo queda el silencio. Sin embargo, Inane no es una tragedia, casi no pertenece a ningún género: Inane es un personaje-palabra que adelgaza, que se va deshaciendo al paso que el discurso desarrolla el tema del hambre, las fracturas, el hueco, las carencias. La saciedad es siempre culpable en un mundo en que la única presencia visible es la de Inane y su gemela Grieta. Lejos de cualquier complacencia, al otro extremo del lirismo fácil o sentimental, la lectura de este libro nos enfrenta con niños (tú lector) que han crecido en un mundo escaso de infancia, ahíto de muertos y de asechanzas de siniestros medios, un universo de despensas falsas, llenas de vacío y por eso quizá consoladoras para quien quiera permanecer ciego. Escrito con una brillantez hiriente de hoja de cuchillo (que podría ser también quirúrgico), calificar este libro de original sería poner en cuestión su verdadera novedad. El desgarro de Vallejo, si, su comercio con la materia y los impulsos primarios, sí, pero aún más sin remedio... Lo corrosivo como alimento, la estética del veneno. Apto sólo para hambrientos de una oscura, desoladora verdad.










