Poesía de poetas individuales

EL GATO NEGRO DEL AMOR (MURUA AURICENEA, KEPA)

La difícil poesía amorosa, por su uso y abuso, es un tema espinoso y lleno de dudas, como lo es este libro íntimo y de tono autobiográfico de Kepa Murua. El gato negro del amor es un libro que viaja: escrito entre Londres, Toronto, Nueva York y Vitoria-Gasteiz (entre los años 2005 y 2006), y es, a su vez, un viaje hacia la gama de colores que componen la imagen del amor, el desamor y la separación. Personificado el proceso en la elasticidad y ambivalencia del gato (el gato negro, el gato blanco, el gato gris, el gato del silencio, el gato de fuego), Kepa Murua nos presenta a los personajes que componen este relato (los amantes, los escenarios, la memoria) con su habitual despojamiento retórico y, desde el distanciamiento que otorga el viaje, sin ningún patetismo. Hay dolor, pregunta y desconcierto, y grandes dosis de sinceridad, sobre uno de los recurrentes temas de la poesía, planteado en este libro desde una perspectiva netamente contemporànea.

ACTOS SACRAMENTALES . POEMAS (REXROTH, KENNETH)

Rexroth es, ante todo, el poeta del amor y de la naturaleza, de la contemplación, de la conciencia iluminada del momento. Sus poemas de amor transmiten una sensación de totalidad y son como ofrendas sacerdotales que celebran la hermosura del mundo. El amor tiene para Rexroth un sentido sagrado, a menudo asociado al erotismo, máxima experiencia contemplativa. Esta antología es la primera de Rexroth que se publica en España, y ofrece al lector en español una muestra de lo mejor de su poesía en las distintas etapas de su vida. Pese a su enorme riqueza, Rexroth es un poeta de fácil lectura, luminoso y transparente, capaz de conquistar por igual al lector habitual de poesía y a aquel que no lo es.

MINIMÁS (CARMEN CAMACHO)

A medio camino entre el aserto filosófico, del que se aleja por una especie de movimiento de muñeca poético, y del poema, al que finta con resolución filosófica, las minimás de Carmen Camacho propician un sentido reticular que va ocupando un muy insólito territorio de identidad y de pasmo, sin otra fe que la del asombro y sin otro norte que el de un lenguaje que se ha levantado irónico, pizpireto, revoltoso, centrífugo, insumiso... y exacto. Es como si el pensamiento femenino, harto de correr por autovías o por raíles que apuntan siempre en la misma dirección, ya hasta el gorro de señoras (en)varadas y espesas, que parecen llevar consigo el dogal del martirio y la punición, como antes el Corazón de Jesús, decidiera de pronto echarse al monte, ponerle color y vértigo al paisaje, sorteara los baches, fuera arrancándole agujas a los pinos y con ellas en los labios nos rascara en el corazón o en los espejos, justo donde una/uno no quisiera que le rascasen.

SANGRE A VERSOS . OBRA PLASTICA DE ESPERANÇA LLITERES (JOVER JAUME, CARLOS)

Sangre a versos es una recopilación de poemas escritos en su juventud por un original creador: Carlos Jover, autor de El espíritu de cristal, novela publicada en esta misma editorial, y en la que ya mostró el gusto por la reflexión poética que abunda en este libro. Es un lujo para la colección “La noche polar” contar con esta edición exquisita: un poemario cuya aparición supone un auténtico rescate. Se vuelve a demostrar que hay obras que soportan bien el paso del tiempo, incluso dentro de un cajón. El lujo se redondea gracias al diálogo de los poemas de Jover con la obra plástica de Esperança Lliteres. La artista ilustra con sus miniaturas encapsuladas los versos lúdicos y sorprendentes con que el autor practica su exorcismo.

BALANCES PARCIALES (ZAPICO ALONSO, FELIPE)

“Cuando ya nadie ama, / por cansancio / o temor a la catástrofe / me hago la VI, / con lluvia y su luna, / hasta el mar”. Así comienza Felipe Zapico su nuevo poemario Balances Parciales. Seguramente los demás no amen porque estén agotados o tengan miedo, pero Zapi se pone en marcha, no se queda de brazos cruzados; el peligro está ahí, como la noche y la lluvia que dificultan la conducción. Sin embargo, no es su condición esperar a que escampe, dejar que todo siga su curso y el tiempo haga su trabajo; Zapico inicia el camino (o, mejor dicho, lo prosigue, que nunca ha dejado de hacerlo) y se enfrenta a la adversidad a golpe de verso, a base de respiración y de piel, sin solución de continuidad.