Poesía de poetas individuales

MÁRGENES . PREMIO VILLA DE COX (ALICANTE) 2011 (QUESADA GALÁN, JULIO CÉSAR)

Julio César Galán (Cáceres, 1978). Actualmente es lector en la Universidad de Argel. Director de las revistas de teatro y poesía, Dioniso y El juego de los putrefactos, respectivamente. Autor de los siguientes poemarios: El ocaso de la aurora (Madrid, 2004) y Tres veces luz (Barcelona, 2007), además, ha publicado, como heterónimo: Gajo de sol (Cáceres, 2009), de Luis Yarza, ¿Baile de cerezas o polen germinando? (Tenerife, 2010), de Pablo Gaudet, y este año verá la calle Jimena Alba con Reptilia. Algunos de sus artículos y poemas se encuentran en revistas como Cuadernos hispanoamericanos, Turia, Alga, Cosmópolis, Primer Acto o Cuadernos del Matemático. Entre sus textos teatrales cabe destacar: La edad del Paraíso, Eureka o Con permiso del olvido.

37 LATIDOS (BARRAL, JUAN JOSÉ)

Claudia Fue la más novia de todas: veinte meses insultándonos, veinte meses llegando tarde al punto de encuentro, veinte meses de la risa por los pubs del Antiguo, veinte meses de veinte talegos en la puerta del Matías, veinte meses aprendiendo a no follar bien en la casa de ella mientras sus padres servían sidra y callos en el Gato Negro. Veinte meses como Syd y Nancy, como Sailor y Lula. Nos queríamos a lo bestia, y por eso salimos heridos del amor.

ANTOLOGÍA POÉTICA. (MASSANÉS, MARÍA JOSEPA)

María Josepa Massanés es posiblemente la primera mujer dentro de la tradición literaria hispana en plantearse el derecho femenino a escribir. Cierto es que Teresa de Jesús y Juana Inés de la Cruz padecieron no pocos problemas a causa de sus escritos; pero fue por el contenido, no por el ejercicio del mismo. Por el contrario, María Josepa opta por la vida civil y el matrimonio, por el hogar, y se siente marginada en una sociedad tradicional y masculina. En este contexto, lo que es revolucionario es el hecho mismo de escribir porque representa un desafío a lo que la sociedad espera de la función femenina.

ENSAYANDO CÍRCULOS (VALVERDE, ÁLVARO)

Alvaro Valverde es el más joven de los poetas publicados hasta ahora en la serie de poesía Nuevos textos sagrados ?que así la bautizó hace ya bastantes años el poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda en un tarde bonaerense de vino alegre en compañía del poeta argentino Enrique Molina. «Los poemas de Ensayando círculos son», en palabras de Antoni Marí, quien dirige esta colección, «espacios donde la presencia del hombre se afirma frente al olvido y el tiempo. Nada permanece, y todo cambio es, al fin, ruina, recuerdo y renuncia. Sin embargo, la voluntad de permanencia que impone la existencia es la que ofrece sentido a la vida y al mundo: permite reconstruir el lugar donde aconteció el privilegio de la memoria y donde fue posible reconocerse, por un instante, en el lugar decisivo, en un centro convincente.» Y añade: «Las tentativas para acordar la razón con el deseo y el recuerdo con la esperanza son modos de afirmación de la existencia, formas de sobrevivir y sobreponerse al vacío y al olvido. Son tentativas que abren espacios a la reflexión sobre el ser del hombre, su fragilidad y su constancia». No en vano, el propio Valverde escribe en un breve texto, «Mínima poética»: «Como otros con el ajedrez, el fútbol o la papiroflexia, uno encuentra en la poesía un método de conocimiento de sí mismo y del mundo, una manera de decir y de decirse, de entender y de entenderse, de mirar, en suma». Por eso él cree «en la necesidad de la poesía, no en su utilidad»...