Poesía

EL SILENCIO DE LA PALABRA

Desde el primer día en que trasladé definitivamente todos mis enseres a esa cuarta planta de la antigua fábrica de hormas de zapato en la calle Reina Amalia del barrio chino de Barcelona, allí donde ella vivía hacía ya unos cuantos años fui, desde ese momento, testimonio mudo de la creación pictórica de Anke. Las horas, los días, las semanas observando como una y otra vez desde cierto caos avanzaba hacia la simplificación pura de las formas, de la materia que tenía entre las manos, fueron germinando en mí, justo en ese lugar donde reside todo impulso hacia la escritura. La sorpresa inicial y el respeto por ese trabajo de orfebre silencioso que mis ojos contemplaban a diario fueron moldeando otra versión del mismo acontecimiento: aquella que mis primeras frases intentaban retener de cualquiera de las fases en la construcción de un lienzo. Tímidas conversaciones, pues ella es mujer de pocas palabras sobre el arte, y ciertas aseveraciones acerca de su lucha cerrada en busca de su voz propia, me impelían una y otra vez a comprender sobre lo que quedaba cuando ella daba un cuadro por acabado. De un pertinaz seguimiento siempre lleno de curiosidad pasé a los primeros trazos de una escritura breve que explicase el efecto vibrante que la contemplación diaria me causaba. Yo vivía y vivo junto a esos cuadros, junto a Anke y su taller, sus montañas de lino antiguo y sus tintes o sus colores pero pasó el tiempo y tras él fui escribiendo, lentamente, estos textos que ahora acompañan una vez más a sus cuadros.

LA DESOLACIÓN DE LOS ESPEJOS

Estos pobres versos, sin métrica ni rima, han nacido fruto del dolor más profundo, la rabia vertiginosa y la tristeza inclemente, casi rozando la locura en que me sumergió la muerte de mi marido, mi amigo, mi amante, mi segunda piel, después de dieciseis meses de lucha cuerpo a cuerpo, de poder a poder, contra una enfermedad maldita.Con ellos he aprendido a sobrevivir a la vida de después, regatear a la soledad, volver a conocerme, reinventarme y mantenerme en pié.El atrevimiento de hacerlos públicos ha sigo como un salto al vacio, un grito a los cuatro vientos de mis sentimientos al desnudo. Una efímera esperanza de qué allí donde esté, sepa que le he amado, le amo y le amaré hasta el dia que alcance el otro lado del espejo.