Durante siglos, el helado; que los romanos ya elaboraban con nieve de los Alpes; se consideró un manjar reservado a la aristocracia. Los cocineros de palacio recibían incluso una paga extraordinaria para mantener en secreto las recetas. Además de un regalo para el paladar, los helados son también una excelente fuente de proteínas, vitaminas y sales minerales. La heladería en casa desvela a los lectores las especialidades más preciadas de los mejores heladeros del mundo. Este libro contiene cientos de trucos y recetas fáciles de preparar. Además de los clásicos helados y sorbetes, los amantes de este dulce y refrescante placer encontrarán especialidades tan exclusivas como el helado de castañas al café o el sorbete de melón con salsa de frambuesa.