Los bostezos son traicioneros. Aparecen cuando menos te lo esperas. Estás tan tranquilo, construyendo la torre de bloques más alta de la historia del universo, o disfrazando al gato y, de repente
estiras los brazos, los ojos se te cierran, la boca se te abre de par en par, la lengua se enrosca y mmm
ummm
¡uoaaahm!, sale un bostezo. Y de golpe y porrazo, ¡te mandan a tu cuarto a ponerte el pijama! «¿Cómo he llegado hasta aquí?» ¿Lo ves? Te lo dije. Los bostezos son traicioneros.
Los bostezos son traicioneros. Aparecen cuando menos te lo esperas. Estás tan tranquilo, construyendo la torre de bloques más alta de la historia del universo, o disfrazando al gato y, de repente
estiras los brazos, los ojos se te cierran, la boca se te abre de par en par, la lengua se enrosca y mmm
ummm
¡uoaaahm!, sale un bostezo. Y de golpe y porrazo, ¡te mandan a tu cuarto a ponerte el pijama! «¿Cómo he llegado hasta aquí?» ¿Lo ves? Te lo dije. Los bostezos son traicioneros.