Jennifer Fulwiler se decía a sí misma que era feliz. ¿Por qué no iba a serlo? Ganaba bastante dinero, acababa de casarse con un gran hombre y vivía en una buena casa donde podía contemplar la puesta de sol tras las colinas de Austin mientras saboreaba tranquilamente una copa de vino… Criada en una familia feliz, y atea, Jennifer tuvo desde siempre la libertad de pensar por sí misma y seguir sus propias reglas. Sin embargo, una sombra de oscuridad la había estado acompañando durante toda su vida. Y esas dudas la llevaron a preguntarse qué era lo que de verdad importaba en la vida.

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