Con tan sólo ocho años Juan Carlos Delgado, «el Pera», era el conductor en los atracos, el encargado de aguardar a sus compinches, con el motor del coche en marcha, para huir de la escena del robo y darle esquinazo a la policía. A los once había sido detenido 150 veces y en su historial figuraban robos a mano armada y dos intentos de homicidio. Su vida era un descenso «sin freno por la vertiginosa pendiente de la delincuencia», como afirma el Defensor del Menor en el epílogo, cuando ingresó en la Ciudad Escuela de los Muchachos, fundada y dirigida por Alberto Muñiz. Allí se produjo el «milagro». Aquel niño, etiquetado como «caso irrecuperable», comenzó a convertirse en lo que es hoy: un reconocido piloto al que saluda cordialmente el rey de España, entre otras personalidades, y uno de cuyos mejores amigos es Santiago López Valdivielso, director general de la Guardia Civil. A través de la rica y ágil prosa de Antonio D. Olano, Juan Carlos Delgado nos confiesa en estas páginas los aspectos más escalofriantes de su pasado pero, sobre todo, nos relata cómo -gracias a Alberto Muñiz, a sus compañeros de la CEMU y a su propia fuerza de voluntad- se produjo su metamorfosis, convirtiéndose en un esperanzador ejemplo para cuantos quieran variar el rumbo del destino.
Con tan sólo ocho años Juan Carlos Delgado, «el Pera», era el conductor en los atracos, el encargado de aguardar a sus compinches, con el motor del coche en marcha, para huir de la escena del robo y darle esquinazo a la policía. A los once había sido detenido 150 veces y en su historial figuraban robos a mano armada y dos intentos de homicidio. Su vida era un descenso «sin freno por la vertiginosa pendiente de la delincuencia», como afirma el Defensor del Menor en el epílogo, cuando ingresó en la Ciudad Escuela de los Muchachos, fundada y dirigida por Alberto Muñiz. Allí se produjo el «milagro». Aquel niño, etiquetado como «caso irrecuperable», comenzó a convertirse en lo que es hoy: un reconocido piloto al que saluda cordialmente el rey de España, entre otras personalidades, y uno de cuyos mejores amigos es Santiago López Valdivielso, director general de la Guardia Civil. A través de la rica y ágil prosa de Antonio D. Olano, Juan Carlos Delgado nos confiesa en estas páginas los aspectos más escalofriantes de su pasado pero, sobre todo, nos relata cómo -gracias a Alberto Muñiz, a sus compañeros de la CEMU y a su propia fuerza de voluntad- se produjo su metamorfosis, convirtiéndose en un esperanzador ejemplo para cuantos quieran variar el rumbo del destino.