La historia del Cottolengo

30 de Abril. JOSE BENITO COTTOLENGO
 
Fundador de la Pequeña Casa de la . 1786-1842.

Se negaba a ser previsor y a pensar en el mañana, no quería hacer ningún cálculo, sabiendo que lleva mejor que nadie la teneduría de ; había que vivir rigurosamente al día, aceptando todos los enfermos, sin guardar nada, sin prever nada, ya que no hay manos más seguras que las de ni amor más grande que el suyo. Antes de morir agotado por la entrega de su vida, suspiró: “El borrico no puede dar ni un paso más”.

 

“desafió la fidelidad de Dios” .“Algunos pensarán que era un loco o un absurdo exagerado, pero no, era
 
 Se está muriendo una pobre mujer. No consiguió ser internada en el hospital por falta de . Los niños lloran junto a la cama de la madre agonizante. El padre Cottolengo asiste a esta escena deprimente sin poder hacer nada. Pero promete hacerlo todo para que no se repitan estos casos de injusticia. Vende lo poco que tiene, inclusive su capa, alquila algunos cuartos y comienza su obra benéfica.

¿Quién mantendría el hospital?

Será la Divina Providencia.

En una ocasión el ministro del se ofreció a patrocinar la obra. El padre Cottolengo le respondió que no necesitaba, porque ya tenía un buen . Y le señaló al visitante lo que estaba escrito en el frontispicio: “Pequeña Casa de la Divina Providencia”.

Si aceptaba otro patrocinador, cometería una falta de para con el buen Dios. Llevó tan en serio este contrato, que ni siquiera quería amanecer con dinero en casa. Más de una vez dio a los pobres lo que le sobraba al final del día.

Hoy este hospital se ha convertido en una ciudad dentro de la ciudad de Turín. Alberga a más de ocho mil enfermos que padecen diversas enfermedades. En los ciento cincuenta años de existencia nunca fue preciso pedir limosna, ni crear fondos de mantenimiento. La Divina Providencia continúa manteniendo el contrato. En compensación, los enfermos rezan día y noche, en adoración perpetua, en las muchas capillas de esta inmensa “Ciudad de la Caridad”.