El problema con la maría (marihuana)

La hierba de la discordia

Una sentencia que permite a una asociación cultivar cannabis para uso terapéutico reabre el debate sobre la legalización de una sustancia cuyas virtudes no han sido probadas.

Continúa la contribución…

¿Es la marihuana simplemente una droga o también un medicamento idóneo para aliviar los síntomas de graves enfermedades?

Una reciente resolución de la Audiencia Judical de Vizcaya, que archivaba la causa contra la asociación Pannagh por realizar una plantación de cannabis en un caserío de Iurreta, ha abierto de nuevo el debate. El auto judicial reconoce que el cultivo decomisado -unos 17 kilos de hachís, una vez seco- tenía como destino ser consumido por los 70 miembros de una asociación «legalmente constituida y sin fines comerciales», muchos de ellos enfermos crónicos, y no su venta en el mercado negro, lo que exonera a los acusados. El desenlace del caso pone sobre el tapete un tema pendiente aún de resolución científica: las propiedades terapéuticas del cannabis, una planta que desde hace 5.000 años se consume en diversas civilizaciones por sus supuestos valores medicinales, pero cuya imagen se vincula hoy casi en exclusiva a términos más propios de las páginas de , como redadas, decomisos o condenas.

Las instituciones se esfuerzan en alertar sobre los peligros que entraña este estupefaciente, al que se niegan a reconocer el calificativo de droga “blanda”, ya que, recuerdan, «hay evidencias científicas» de que el consumo prolongado de esta sustancia produce deficiencias de memoria en la atención, puede triplicar el riesgo de aparición de psicosis, daña la capacidad psicomotora y altera el sistema nervioso central y otros órganos, además de estar asociado a accidentes de tráfico.

Motivos más que suficientes, en de la delegada del Gobierno para el Plan sobre Drogas, Carmen Moya, para rechazar su legalización. Los defensores de su despenalización contraatacan esgrimiendo los resultados de los ensayos clínicos más avanzados sobre los cannabinoides, que los relacionan con compuestos que se utilizan actualmente para combatir los efectos del , como la doxorrubicina.

Un sector pide incluso su incorporación formal en la farmacopea como estimulante del apetito, relajante, analgésico y anticonvulsivo. Y no son una minoría residual.

La de Cataluña tiene en marcha desde el pasado octubre un plan piloto que administra extracto de cannabis como uso terapéutico para paliar los síntomas de enfermos de cáncer, esclerosis múltiple y sida en seis públicos y 60 .

Los 600 pacientes incluidos en el proyecto se están tratando con Sativex, un producto que comercializa Bayer hecho con extracto de la planta del cannabis. Mensaje dañino Al margen de sus hipotéticas ventajas, el debate sobre el cannabis preocupa a las organizaciones sociales, que temen una mala interpretación del mensaje despenalizador.

Al director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, Ignacio Calderón, le inquieta que los chavales crean que no hay peligro en fumar porros. «Pueden pensar que no les hará daño algo que se en la medicina». Su alarma está justificada: un informe elaborado por el Ministerio de Sanidad asegura que los jóvenes creen que fumar cannabis esporádicamente supone menos riesgo para la que consumir cualquier otra sustancia “recreativa”, tanto legal como ilegal.

Los adolescentes, añade el estudio, piensan que es más peligroso fumar un paquete de tabaco diario que consumir alcohol, éxtasis, cocaína o heroína en sus noches de juerga. Desconocen, o no les preocupa, que el consumo de cannabis en edades tempranas aumenta las posibilidades de padecer graves trastornos neurológicos.

Para los defensores de la droga, decir que la promoción de sus cualidades terapéuticas incidirá en el consumo social es un pensamiento absurdo: «Nadie se plantea consumir morfina o heroína porque se use en la medicina», alegan. E

ntre ambas posturas, el consejero de Asuntos Sociales del Gobierno vasco, Javier Madrazo, aboga por olvidar las prohibiciones en beneficio de las «políticas preventivas, que favorezcan la información, la concienciación y la sensibilización». Y esgrime que el pasado año, más de 100.000 alumnos y 5.600 de 854 centros participaron en actividades contra las drogas. Lo cierto es que los porros abundan más que nunca, y no precisamente en los centros sanitarios.

El Plan Nacional sobre Drogas ha alertado de que el consumo de esta sustancia se ha duplicado en los últimos diez años en las edades comprendidas entre los 14 y los 18 años, pasando del 18,2% al 36,6% el porcentaje de adolescentes que fuma hachís habitualmente. Es la sustancia ilegal más consumida entre los adolescentes españoles y ocupa la tercera plaza en el ránking de sus adicciones, después del alcohol y el tabaco.

Propuesta al Parlamento El cultivo colectivo de Pannagh en no es un caso aislado.

En el País Vasco ha habido hasta cinco asociaciones dedicadas a plantar cannabis con fines sociales.

De acuerdo con la Federación de Asociaciones Cannábicas- FAC- , hay varias más en España, y en , , Holanda, Dinamarca, Alemania, Checa y Polonia existen grupos que llevan a cabo experiencias similares. La FAC también debate sobre un modelo para regular el cultivo de cannabis en circuito cerrado que será presentado tanto al Plan Nacional sobre Drogas como a la Comisión sobre Drogas del Congreso y el Senado, instituciones ante las que deben comparecer próximamente.

Los 70 miembros de la asociación bilbaína consideran tan positivos los resultados del uso terapéutico del cannabis entre los miembros enfermos del colectivo que en noviembre Pannagh, respaldado por otras 97 asociaciones, presentará al Parlamento Europeo el Cannabis Social Club, un modelo de club de consumidores que se pondrá en marcha en varios países. Por su parte, los continúan desconfiando de los supuestos atributos de la droga mientras no se demuestre clínica y científicamente y sostienen que, por el momento, el perjuicio al consumirlo es mayor que la ayuda que pueda proporcionar.
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El consumo de marihuana podría conducir a problemas de fecundidad en


09:48:40 – 02/08/2006
Vocento VMT -El consumo de marihuana durante la concepción e inicio del podría conducir a problemas de fecundidad en mujeres ya que altera mecanismos moleculares que intervienen en la concepción y el inicio del  

Así lo sugiere un estudio realizado en ratones por investigadores de la Universidad Vanderbilt en Nashville (). Las conclusiones del estudio se publican en la revista “Journal of Clinical Investigation”.

La investigación muestra que el consumo de marihuana durante la concepción e inicio del embarazo impide el correcto paso de los ovarios al del embrión, lo que puede da lugar a un fallo en el inicio del embarazo.

Los expertos explican que la marihuana, la droga ilegal más comúnmente utilizada entre las mujeres en edad reproductiva, se une a dos receptores, los receptores cannabinoides 1 y 2 (CB1 y CB2), que se encuentran en el y otros órganos, incluyendo espermatozoides, óvulos y embriones recién formados. Estos dos receptores se activan de forma natural por la molécula anandamida.

La formación de la anandamida por la enzima NAPE-PLD está equilibrada de forma cuidadosa con su descomposición por la enzima FAAH, lo que da lugar a una modulación minuciosa en embriones y el oviducto. Este equilibrio es necesario para el desarrollo embrionario, el a lo largo del oviducto, la implantación en el útero y un embarazo completo.

En el estudio, los investigadores muestran que la supresión de la actividad de FAAH en los embriones y el oviducto eleva los niveles de anandamida, lo que inhibe el desarrollo embrionario y evita que los embriones desarrollen por completo su paso al útero, provocando una fertilidad defectuosa.

Los siguieron hasta mostrar que la administración a ratones de tetrahidrocannabinol (THC), principal componente psicoactivo de la marihuana que como la anandamida también se une a CB1, desciende en exceso el tono normal de la anandamida, provocando que falle la implantación de los embriones en las fases iniciales del embarazo.

Los resultados del estudio muestran que las drogas como el THC persisten y alteran estos “refinados” sistemas de señalización y por tanto el uso de las drogas que contienen THC como la marihuana podría conducir a ectópicos y/o fertilidad alterada en las mujeres.

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El consumo de marihuana puede hacer más vulnerable al cerebro ante drogas más duras, según un estudio

22:09:01 – 05/07/2006Vocento VMT -El consumo de marihuana puede hacer más vulnerable al cerebro ante drogas más duras como la heroína, según un estudio de la de Medicina de Monte Sinaí en que se publica en la edición digital de la revista “Neuropsychopharmacology”. La marihuana, a menudo llamada droga “de entrada” es la sustancia ilegal más consumida por los adolescentes en todo el e investigaciones anteriores han mostrado que el cerebro adolescente es particularmente sensible a la exposición a las drogas.

La denominación de droga de entrada sugiere que la adicción a una droga podría hacer a una persona vulnerable ante el abuso y la adicción a drogas más duras.

El argumento más común contra esta teoría es que los adolescentes se pasan a drogas más fuertes debido a presiones emocionales o de sus . Los científicos demuestran en modelos que el cannabis puede, de hecho, afectar a la futura sensibilidad a la heroína.

Los científicos descubrieron al estudiar episodios neurobiológicos tras la exposición al cannabis que la marihuana afecta a componentes naturales del cerebro humano, conocidos como opioides endógenos, que participan en la intensificación de las emociones positivas, y crea una sensación de recompensa. Este es el mismo sistema que estimulan las drogas más duras. Los resultados de la investigación disipan la creencia común de que experimentar con drogas no afecta al cerebro.
Muestran que el cerebro podría “recordar” contactos previos con las drogas y convertir a los consumidores en vulnerables a drogas más duras en un momento posterior de sus vidas.
Los autores del estudio señalan que el estudio podría influir sobre quienes desde los ámbitos piden la legalización de la marihuana. Y, cualquier aumento potencial en el número de personas adictas podría tener un impacto en el sistema sanitario, la rehabilitación de este colectivo y las tasas de delincuencia.

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