PEQUEÑO TESTAMENTO de Miguel D’Ors

¡Qué mundo tan maravilloso es el nuestro!

Os dejo el río , dormido entre zarzas con mirlos,
las hayas de Zuriza, el azul guaraní de las ,
los rinocerontes, que son como carros de combate,
los flamencos como claves de sol de la corriente,
las avispas, esos tigres condensados,
las fresas vagabundas, los farallones de Maine, el ,
las cataratas del Niágara con su pose de rubia platino,
los edelweiss prohibidos de Ordesa, las hormigas minuciosas,
la y los .

Os dejo las autopistas
que exhalan el verano en la hora de la siesta,
el , los goles de Pelé,
la de y los trigos ,
los aleluya de oro de los Uffizi,
el en un ,
los autobuses que se bambolean en y en Mombasa
con racimos de negros y felices.

Todo para vosotros, hijos míos.
Suerte de haber tenido un padre rico.

De «Curso superior de ignorancia»