Iniciamos el año con la festividad de la maternidad divina de María. Llamativamente, es la primera fiesta mariana de la que tenemos noticia histórica, allá por el siglo VI en Roma, aunque encontramos pinturas anteriores que hacen referencia a María como Madre de Dios. También en el Concilio de Éfeso (431), todavía se discute el hecho de la maternidad de Jesús sólo del Jesús humano o de Dios. Esta fiesta nos resalta la figura de María como modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. Entregada totalmente al destino que para ella ha previsto Dios, se convierte en la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús y nos acerca a él. También intercede por nosotros ante él, con la misma autoridad que le obliga a realizar el primer milagro en Caná. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.