ACCIONES DE GRACIAS

Citas de la Sagrada Escritura

Debemos dar gracias a Dios por todos los beneficios

¿Qué podré yo dar a Yavé, por todos los beneficios que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre de Yavé. Sal 115, 12.

¡Bendice, alma mía, a Yavé, y bendiga todo mi ser su santo nombre! ¡Bendice, alma mia, a Yavé y no olvides ninguno de sus favores! Sal 102, 1, 2.

No olvides el beneficio de tu fiador, pues se empeñó por ti. Eclo 29, 20.

Frecuentes gracias del Señor al Padre:

Mt 15, 36; Mc 14, 23; Jn 6, 11.

Debe ser la actitud normal del cristiano

Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos. Col 3, 15.

Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas de acción de gracias. Flp 4, 6.

Orad sin cesar. Dad en todo gracias a Dios, porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto de vosotros. I Tes 5, 17.

Dar gracias en toda ocasión

Y todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por El. Col 3, 17.

Entre las diversas virtudes cristianas, San Pablo recomienda gratitud: Col 3, 15.

A Timoteo le ruega que se ha gan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por los reyes por todos los constituidos en digni dad, a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad y dignidad. I Tim 2, 1.

San Pablo da también gracias al Señor por haberle fortalecido haberle juzgado fiel para el mh ferio: I Tim 13; por la gracia otor gada en Cristo Jesús. I Cor 1; y recomienda a los primeros cristianos que den en todo gracias a Dios porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto a vosotros. I Tes 5, 17.

Dar gracias por la fe: Rom I,8; Cor 1, 4.

Dar gracias por la caridad fraterna: Col 1, 34, 2 Tes 1, 3; etc.

Acciones de gracias de los bienaventurados en el cielo: Apoc 4, 9;7, 12.

Del samaritano leproso: 17, 16.

Del fariseo soberbio en el templo: Lc 18, 11.

Innumerables motivos para dar gracias a Dios.

1 Oremos solemnemente con acción de gracias, al despuntar el nuevo dia, al salir de casa, antes de comer y después de haber comido, a la hora de ofrecer incienso, al entregaros al descanso. Y aun en la misma cama quiero que alternes los salmos con la oración dominical (…), para que el sueño te coja libre de pensamientos mundanos y ocupado en los divinos (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 1819).

2 ¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, Gracias a Dios? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oir con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad (SAN AGUSTIN, Epist., 72).

3 El nos da, por un poco de fe, la tierra inmensa, para cultivarla; agua para beber y agua para navegar; el aire para respirar, el fuego para trabajar, el mundo para habitar… Si los bienes de los amigos son comunes y si el hombre es amigo de Dios, todo se hace propiedad del hombre, pues todo pertenece a Dios (CLEMENTE DE ALEJANDRIA, Protréptico, 12).

4 Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al dia.—Porque te da esto y lo otro.—Porque te han despreciado.—Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya.—Porque creó el Sol y la Luna, y aquel animal y aquella otra planta.— Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso…Dale gracias por todo, porque todo es bueno (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, 36a ed. castell. Madrid, 1979, n. 268).

5 No dejemos transcurrir ni un solo día sin agradecerle tan tas gracias como durante nuestra vida nos ha concedido (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el primer precepto del decálogo).

6 (Recibimos) beneficios que superan en número a las arenas del mar. (SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre San Mateo, 25, 4).

7 Mal procede quien se llena de soberbia a causa de su riqueza y no reconoce haber recibido de Dios todo lo que tiene, pues todos nuestros bienes, espirituales o temporales, de Dios son (SANTO TOMÁS, Sobre el Padrenuestro, en Escritos de catequesis, Madrid , 1 976, p. 151 ).

8 El pecado es lo único que no has recibido de El. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de Dios. (SAN AGUSTIN, Sermón 21).

9 ¡Nos parece demasiado dedicarle algunos minutos para agradecer las gracias que en todo momento nos concede! Quieres dedicarte a tu tarea, dices. Pero, amigo mio, te engañas miserablemente, ya que tu tarea no es otra que agradar a Dios y salvar tu alma; todo lo demás no es tu tarea: si tú no la haces, otros la harán; mas si pierdes el alma, ¿quién la salvará? (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

10 Da gloria a Dios por el feliz éxito de los asuntos que te han sido encomendados, y no te atribuyas a ti mismo más que los fallos que haya habido; sólo éstos te pertenecen, todo lo bueno es de Dios y a El se debe la gloria y gratitud (J. PECCI—León XIII—Práctica de la humildad, 45).

11 Al conocer lo que Dios nos ha dado, encontraremos muchisimas cosas por las que dar gracias continuamente (SAN BERNARDO, In Dom. V Ipost. pent., 25, 4).

12 (Dios) nos hace muchos regalos, y la mayor parte los desconocemos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre San Mateo, 25, 4).

13 No dejes nunca de dar gracias a Dios con todo tu corazón y darle gracias, sobre todo, por los cuidados de que te rodea, y pídele en todo momento que no te falte la ayuda que sólo El te puede dar (J. PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 43).

14 Cuando el alma recuerda los beneficios que antaño recibió de Dios y considera aquellas gracias de que la colma en el presente, o cuando endereza su mirada hacia el porvenir sobre la infinita recompensa que prepara el Señor a quienes le aman, le da gracias en medio de indecibles transportes de alegría (CAS1ANO, Colaciones, 9).

15 El cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos nos hablan de la bondad y omnipotencia del que los ha creado, y la admirable belleza de los elementos puestos a nuestro servicio exige de la creatura racional el justo tributo de la accion de gracias (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre Cuaresma, 1).

16 Conviene mucho que el favorecido tenga agradecimiento y dé las gracias, aunque el bienhechor no tenga necesidad de ello (TEÓFILO, en Catena Aurea, val. IV, p. 47).

17 Desde el primer Adán hasta el de hoy, fatiga y sudor, cardos y espinas. ¿;Acaso ha caido sobre nosotros el diluvio? ¿O aquellos tiempos difíciles de hambre y de guerras, de los cuales se escribió precisamente para que no murmuremos del tiempo presente contra Dios? ¿Cuáles fueron aquellos tiempos! No es verdad que todos, al leer sobre ellos, nos horrorizamos? Por esto, más que murmurar de nuestro tiempo, lo que debemos hacer es dar gracias por él (SAN AGUSTIN, Sermón, 2).

18 Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga. Este es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también (SAN JUAN RISÓSTOMO, Hom. antes del exilio, 13).

19 Y habiendo tomado el pan dio gracias. Y nos dio ejemplo para que diésemos gracias por todo beneficio, tanto al principio como al fin, porque siempre se deben dar gracias a Dios (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. VI, p. 436).

20 ¿Has presenciado el agradecimiento de los niños?—Imitalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso.¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!.Esta frase, bien sentido, es camino de infancia, que te llevará a la paz, con peso y medida de risas y llantos, y sin peso y medida de Amor. (J. ECRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 894).

ADULACIÓN

<Cuantos me alaban, en realidad me dañan>

48 Mis pensamientos en Dios son muy elevados, pero me pongo a raya a mí mismo, no sea que perezca por mi vanagloria. Pues ahora sobre todo tengo motivos para temer y me es necesario no prestar oído a quienes podrían tentarme de orgullo Porque cuantos me alaban en realidad me dañan Es cierto que deseo sufrir el martirio, pero ignoro si soy digno de él (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Tralianos).

49 Muchas veces nuestra débil alma, cuando recibe por. sus buenas acciones el halago de los aplausos humanos, se desvía […], encontrando así mayor placer en ser llamada dichosa que en serlo realmente […]. Y aquello que habia de serle un motivo de alabanza en Dios se le convierte en causa de separación en él (SAN GREGOR1O MAGNO, Moralia, 10, 4748).

50 El adulador conduce al mal a su prójimo, porque es incapaz de saber qué es lo que le conviene (TEÓFILO, en Catena Aurea, vol Vl, p. 475).

51 Es necesario fijarnos mucho en su entrada (de la alabanza y la adulación); como si se tratara de estar en guardia contra una fiera presta a arrebatar a aquel que no la vigila. Entra calladamente y destruye por medio de los sentidos todas las cosas que encuentra en el interior (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 336).

52 Los muertos sepultan también a los muertos cuando los pecadores favorecen a los pecadores; pues quien alaba al que peca, le esconde ya muerto bajo la losa de sus palabras (SAN JERONIMO, en Catena Aurea, val 1, p 495).

El adulador, <un ministro del demonio>

53 El adulador es ministro del demonio, doctor de la soberbia, destructor del arrepentimiento, aniquilador de las virtudes, maestro del error (SAN JUAN CLIMACO, Escala del paraiso, 22).

Falta contra la caridad

54 La adulación unas veces se opone a la caridad, y otras no. Se opone a la caridad de tres modos. Uno, por su mismo objeto, como alabar un pecado; esto contraría a la caridad con Dios, contra cuya justicia se profiere tal alabanza, y a la caridad para con el prójimo, a quien se alienta con su mala acción […]. Otro modo, por razón de la intención, cuando con la adulación se pretende dañar corporal o espiritualmente […]. El tercer modo es por la ocasión, como cuando la alabanza del adulador es ocasión de pecado para otro, aun prescindiendo de la intención del adulador (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 115, a. 2).

Superficialidad de la alabanza vana

55 Los mismos que alaban son nada, y pasarán con el sonido de sus palabras. En cambio, la fidelidad del Señor dura por siempre (Imiltación de Cristo, 3, 14).

56 Tengo entendido que quien se dejare llevar por cosas de la tierra o dichos de alabanzas de los hombres, está muy engañado por la poca ganancia que en esto hay; una cosa les parece hoy, otra mañana; de lo que una vez dicen bien, presto tornan a decir mal (SANTA TERESA, Fundaciones, 27, 21).

Aprender a rechazar las alabanzas

57 El desprecio de las alabanzas es lo primero y lo principal que hemos de aprender (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre el sacerdocio).

58 De nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás (SAN BASILIO, Discurso a los jóvenes).

59 Rechaza las alabanzas que te hagan por el éxito obtenido, porque no se deben a un vil instrumento como tú, sino a El, que, si así lo quiere, puede servirse de una vara para hacer brotar el agua de una roca, o de un poco de tierra para devolver la vista a los ciegos […] (J. PECCI—León XIII-, Práctica de la humildad, 45).

Rectificar la intención ante la alabanza

60 Todo motivo de excelencia lo ha dado Dios para que aproveche a los demás, de donde se sigue que en tanto debe agradarle al hombre el testimonio que los demás le dan de su excelencia, en cuanto contribuya al bien ajeno (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 131, a. 1).

61 Cuanto más me exalten, Jesús mio, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si Tú me dejas (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 591).

AFABILIDAD

La afabilidad, virtud para la convivencia.

62 En cuanto tu salado llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre (Lc 1, 44) […]. El sobresalto de alegria que sintió Isabel, subraya el don que puede encerrarse en un simple saludo cuando parte de un corazón lleno de Dios. ¡Cuántas veces las tinieblas de la soledad, que oprimen a un alma, pueden ser desgarradas por el rayo luminoso de una sonrisa o de una palabra amable! (JUAN PABLO II, Hom. Roma, 11-II-1981).

63 El espiritu de dulzura es el verdadero espiritu de Dios […] Puede hacerse comprender la verdad y amonestar siempre que se haga con dulzura. Hay que sentir indignación contra el mal y estar resuelto a no transigir con él; sin embargo, hay que convivir dulcemente con el prójimo (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm.110, en Obras Completas, BAC, Madrid 1954, p. 744).

64 Ansí que, hermanas, todo lo que pudiéredes sin ofensa de Dios procurad ser afables y entender con todas las personas que os trataren, de manera que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A la religiosa importa mucho esto: mientras más santas, más conversables con sus hermanas, que aunque sintáis mucha pena si no van sus pláticas todas como vos las querriades hablar, nunca os extrañéis dellas y ansí aprovecharéis y seréis amadas, porque mucho hemos de procurar ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos (SANTA TERESA, Camino de perfección, 41, 7).

65 De estas virtudes de convivencia es necesario tener gran previsión y muy a mano, pues se han de estar usando casi de continuo (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd a la vida devota, III, 1).

66 Del mismo modo que no es posible vivir en sociedad sin la verdad, es necesaria en la vida social la afabilidad, porque, como dice Aristóteles,» nadie puede aguantar un solo día de trato con un triste o con una persona desagradable». Por consiguiente, cada hombre está obligado, por un cierto deber natural de honestidad, a ser afable con quienes le rodean, salvo el caso de que sea útil entristecer a alguno de ellos (SANTO TOMAS, Suma Tealógica, 22, q 114, a. 2).

Para ser afable es preciso ser humilde

67 Si por pereza dejas de poner los medios necesarios para alcanzar la humildad, te sentirás pesaroso, inquieto, descontento, y harás la vida imposible a ti mismo y quizá también a los demás y, lo que más importa, correrás gran peligro de perderte eternamente (J.PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 49)

68 La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona—por su honor, por su buena fe, por su intimidad—,no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y de la justicia (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa. 72).

La afabilidad, necesaria al cristiano

69 Como mejor podemos emplear la dulzura es aplicándola a nosotros mismos, sin despecharnos nunca contra nosotros y nuestras imperfecciones; pues, aunque es razonable que cuando cometemos una falta nos aflijamos y entristezcamos, sin embargo, hemos de procurar no ser victimas de un malhumor desagradable y triste, despechado y colérico. En esto faltan muchos que se enfadan por haberse enfadado, se entristecen de haberse entristecido y se desesperan por haberse desesperado; con este sistema su corazón está sumergido en cólera, y parece que la segunda cólera arruina a la primera, de tal suerte que sirve de apertura e invitación para una nueva cólera en la primera ocasión que se presente; aparte de que estos enfados, despechos y asperezas contra uno mismo tienden al orgullo y no tienen más origen que el amor propio, que se turba e inquieta por vernos imperfectos (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd a la vida devota, III, 9)

70 Caras largas…, modales bruscos…, facha ridícula…, aire antipático: ¿Asi esperas animar a los demás a seguir a Cristo? (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 661).

La afabilidad, especialmente necesaria al sacerdote

71 Los hombres, para su trato con sus semejantes en la vida social, si son buenos e inteligentes cultivan—ordinariamente sólo por razones humanas—una virtud que suele llamarse sociabilidad. También el sacerdote ha de hacer suya esta virtud, si no quiere encontrarse en situación de inferioridad al tratar a los demás hombres Lo que otros practican por motivos humanos, llévelo él a su conducta por una razón sobrenatural, es decir, por caridad. (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, P. 32).

Afabilidad y justicia

72 La amistad o afabilidad es parte de la justicia como virtud aneja que se agrega a la principal. Conviene, en efecto,con la justicia en su razón de alteridad; pero difiere de ella en que no es exigida por un deber estricto… Solamente es exigida por un deber de honestidad que obliga más al mismo virtuoso que al otro, en cuanto que el hombre afable trata a sus semejantes como es decoroso y es su deber hacerlo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 2).

Afabilidad y prudencia

73 No debemos mostrarnos afables con quienes fácilmente pecan, tratando de agradarles, para no parecer que condescendemos con sus vicios y les damos cierto ánimo para caer en ellos (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 1).

El elogio oportuno y ponderado, muestra de afabilidad

74 Si la alabanza pretende, observando las debidas circunstancias, contentar a uno y serle motivo de aliento en sus trabajos o animarle en la prosecución de las buenas obras, es un fruto de la virtud de la afabilidad (SANTO TOMÁS, SUma Tealógica, 22, q. 115, a. 1).

A la afabilidad se opone el llamado <<espiritu de contradicción>>, que impide una sana convivencia

75 El espiritu de contradicción […] se origina cuando no se tiene ningún reparo en contristar mediante la contradicción […] y se opone a la virtud de la amistad o afabilidad, cuya función es convivir agradablemente con otros. (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 116, a. 1).

76 La afabilidad tiene dos vicios contrarios: por una parte, la excesiva severidad, y por otra el halago palabrero. La virtud de la afabilidad se mantiene en el punto medio, entre lo mucho y lo poco, usando de afectuosidad cuando lo pidan quienes se acercan, y conservando aun entonces suave gravedad, conforme a la varia condición de quienes tratemos. (SAN FRANCISCO DE SALES, Conversaciones espirituales, IX, pp. 628629).

Aflicciones y trabajos

«Cuando en este mundo sobrevienen males, son, por lo común, efectos de la divina indignación para castigo de los hombres, con el fin de darse a conocer con los castigos a los que no quieren conocerle por sus beneficios. (S. Cipriano, lib. contra Demetr. sent. 27, Trie. T. 1, p. 303.)»

«Quiso Dios probar su familia, y porque una larga paz había corrompido la doctrina que nos vino de¡ cielo por tradición, la corrección celestial avivó la fe postrada, y aun diré, casi dormida: y cuando merecíamos padecer más por nuestras culpas, el clementísimo Señor todo lo ha moderado: de modo, que cuanto nos ha sucedido, más parece visita de Dios que persecución. (S. Cipriano, lib. de Lapsis, sent. IX, Tric. T. 1, p. 3 80 y 3 8 l.) «

«El que se confundiere de mí, se avergonzará de él el Hijo de Hombre. ¡Y pensará que es cristiano el que se avergüenza de serlo! ¡Cómo puede estar con Cristo el que teme y se avergüenza de pertenecer a Jesucristo! (S. Cipriano, lib. de Lapsis, sent. XI, adic. T. 1, p. 381.)»

«El justo dará su fruto en su tiempo. El tiempo del justo es el siglo venidero, porque no es esta vida el tiempo propio del justo: antes bien, es para él un tiempo extraño; y así en la vida futura dará Dios el fruto del cultivo que da Dios a las almas en el presente siglo. (Eusebio de Cesarea, sent. 1, Tric. T. 2, p. 83.)»

«Vuestra vara y vuestro cayado me han dado consuelo. A la verdad, el que recibe el castigo persuadido de que Dios castiga a los que admite por hijos adoptivos, se consuela con los mismos trabajos. (Eusebio, sent. 2, Tric. T. 2, p. 83.)»

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Promete Jesucristo consuelos eternos a los que lloran en este mundo, no por la pérdida de las personas amadas, ni por las injurias que reciben, o por los menoscabos que ven en sus bienes: sino a los que lloran sus culpas pasadas, y los delitos que manchan su conciencia: para estos está reservado el consuelo de la gloria. (S. Hilario in Matth. cap. 4, sent. 6, Tric. T. 2., p. 258.)»

«¡Dichoso aquel que sufre a su prójimo! Pero, ¡ay de aquel, que sin reposo alguno pone a su prójimo en la precisión de que le sufra! (S. Efrén, (De Vit. spir.) sent. 7, Tric. T. 3, p. 78.)»

«Para dolerse y llorar, bastará conocerse bien a si mismo: pero este dolor debe ser según Dios, y no ha de provenir de un motivo puramente humano: por lo cual es necesario manifestar un exterior alegre y agradable, gloriándonos en el Espíritu Santo de los dones que nos comunica; pero al mismo tiempo debemos dirigirle oraciones que salgan de un alma penetrada de un secreto dolor. (S. Efrén, (De morb. ling.) sent. 12., Tric. T. 3, p. 79.)»

«Déjate penetrar, alma cristiana, de la compunción por todas las gracias que has recibido de tu Dios y no has conservado bien. Compúngete a vista de los males que has cometido contra él, y particularmente por todos aquellos pecados en que te ha esperado a penitencia con tanto sufrimiento. (S. Efrén. (Serm. 2, de Comp.) sent. 14, Tric. T. 3, p. 79.)»

«Las tribulaciones del mundo están llenas de pena, y vacías de premio; pero las que se padecen por Dios se suavizan con la esperan

za de un premio eterno. (S. Efrén, (In illa verb. «attende tibi») sent. 18, Tric. T. 3., p. SO.)»

«Habéis mudado mi tristeza en gozo. Dios no llena de su gozo a todas las almas, sino sólo a las que han llorado sus pecados con lágrimas abundantes y continuas, como si lloraran su propia muerte: porque estos llantos se convierten por último en extremadas alegrías. (S. Basilio, in Psalm. 29, sent. 5, Trie. T. 3, p. 191 .)»

«No todas las enfermedades vienen de nuestra constitución natural, o del desarreglo de la vida, o de otra causa corporal que la medicina puede corregir: muchas veces son las enfermedades como varas con que Dios castiga nuestros pecados, o como estímulos con que nos excita a una sincera mudanza de vida. (S. Basilio, sent. 65, Tric. T. 3, P.20l.)»

«Es preciso reconocer, que las calamidades que en este mundo nos sobrevienen tienen diversas causas: porque suceden por orden o permisión de Dios, y siempre para nuestra mayor utilidad: pues siempre es menos ventajoso no padecerlos. (S. Basilio, Interrog. 261, sent. 74, Tric. T. 3, p. 203.)»

«No miremos como reales y verdaderos bienes o males el gozo ni la aflicción; considerémonos como extranjeros en la tierra, y pongamos en el cielo toda la atención del alma. Sola una cosa hemos de tener por mal, y esta es el pecado; y sola una hemos de estimar corno bien, y esta es la virtud, porque nos une con Dios, (S. Gregorio Nacian., Epist. 189, sent. 54, Tric. T. 3., p. 361.)»

«E] Verbo divino llama bienaventurados a los que lloran; no porque la aflicción por sí misma sea felicidad, sino por la felicidad que nos procura. (S. Gregorio de Nisa, Orat. 3., sent. 14, Tric. T. 4, p. 115.)»

«Sirve de tentación para conservar y dar fuerza y aumento a la virtud del alma fiel: porque si el justo no fuera atribulado y atormentado algunas veces con estas pruebas, no viviera con el cuidado suficiente para mantener la virtud, antes bien, correría riesgo de relajación en la afluencia de las gracias que pudiera recibir de la liberalidad divina. (S. Ambrosio, sent. 27, Tric. T. 4, p. 318.)»

«Nos envía Dios males a este mundo, para obligarnos a recurrir a su bondad, supuesto que los bienes que nos ha dado no han servido para reconocerle, y que las adversidades nos excitan a suplicarle después de haberle ofendido durante la prosperidad y a darle gracias por la comunicación de sus dones. (S. Ambrosio, lib. 1, in c. 7, sent. 38, Tric. T. 4, p. 321 .)»

«Alegrémonos en los trabajos, como Jesucristo en los suyos. El Señor los padeció por sus siervos, suframos por nuestro dueño. (S. Ainbrosio, ¡ti Psalm. 37, sent. 46, Tric. T. 4, p. 322.)»

«El consuelo que se da al afligido debe ir acompañado de suavidad, no de sequedad y aspereza: debe ser propio para aliviar el dolor, y no para excitar nuevas confusiones en el alma. (S. Ambrosio, in Psalm. 37, sent. 47, Tric. T. 4, p. 322.)»

«Los trabajos de esta vida, no son dignos de la gloria futura que nos está preparada: cualquiera, pues, que espera grandes bienes, no se ha de abatir por pequeños males. (S. Ambrosio, in Psaim. 118, sent. 58, Tric. T. 4, p. 324.)»

«Está la vida tan llena de males, que en esta consideración podemos mirar la muerte como remedio, más bien que como trabajo. (S. Anibrosio, Serm. 42, sent. 149, Tric. T. 4, p. 344.)»

«Ya el pueblo cristiano no necesita un leve dolor de la circuncisión: porque llevando consigo la muerte del Señor en cada momento, señala en su frente el desprecio de la muerte, como quien sabe que no puede llegar a la salud eterna sin la cruz del Señor. (S. Ambrosio, sent. XX,. adic. Tric. T. 4, p. 399.)»

«En más estimó Moisés el oprobio de Cristo, que los tesoros de Egipto. Si tu oprobio Jesús y Señor mio, es gloria: ¿cuánta es tu gloria? (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. XXXII, adic. Tric. T. 4, p. 403.)»

«Nosotros merecemos más lástima que los que mueren, porque todos los días nos vemos expuestas a los combates y a las manchas de¡ pecado, y muchas veces recibimos heridas los que algún día hemos de dar cuenta de la menor palabra ociosa. (S. Jerónimo, Epist.. 75, ad Theod, de morte conj., sent. 28, Trie. T. 5, p. 243.)»

«Cuando Dios no manifiesta su ira contra el pecado, es señal de su mayor indignación: esto lo hizo decir a Jerusalén por Ezequiel: Yo no me enojaré contra ti, ni te celaré. Un padre reprende al hijo que ama: y cuando el médico no nos da remedio es señal de que desespera de nuestro mal. (S. Jerón., sent. 31, Tric. ‘r. 5, p. 244.)»

«Cuando nos vemos en la aflicción y en la miseria es porque quiere Dios probamos, para que el fuego de las tribulaciones de este mundo purifique toda mezcla de iniquidad que haya en nosotros. Porque la plata del Señor, pasa por el fuego para ser en él probada y purificada hasta el séptimo grado. (S. Jerón., in Jerem. c. l., sent. 63, Tric. T. 5, p. 249.)»

«¿Por qué nos admiramos de los males que sufrimos en esta vida? Pues si pretendemos con sinceridad los eternos gozos, conoceremos que solamente hemos venido aquí para padecer. (S. Jerón., in Lament. Jerem. sent. 68, Tric. T. 5, p. 250.)»

«Clamé al Señor cuando yo estaba atribulado, y me oyó. No dice cuando estaba nadando en el gozo y en las delicias. ¿Queréis que el Señor os oiga? Clamad a él afligidos y atribulados. (S. Jerón. in Psalm. 12, sent. 112. Tric. T. 5, p. 258.)»

Alabanza

«Un Profeta dijo al Rey Ezequías: Ya viene el día en que todo cuanto tenéis en casa será llevado a Babilonia, y nada quedará en ella, dice el Señor. De este modo cuando ya los hipócritas han llegado a la aparente cumbre de la virtud, por no haber procurado evitar las emboscadas de los espíritus malignos, ocultando las buenas obras, hacen que caiga en manos de sus enemigos todo el bien que adquirieron y no procuraron tener escondido: de este modo pierden en un instante, por su imprudencia, lo que tanto les costó juntar por largo tiempo. A la verdad, es dar ocasión a los ladrones para robarnos el manifestar nuestras riquezas; porque hasta tanto que estemos ya en la paz y en la seguridad de la eterna patria, vamos por un camino expuesto a las emboscadas de infinitos salteadores: por lo que es preciso tener un grande cuidado de llevar oculto en nuestro corazón todo el bien que hacemos, si queremos recibir el, premio del eterno Juez que ve lo más profundo de los corazones. Es absolutamente necesario ocultar nuestra virtud, porque no suceda que exponiéndola a la vista en el camino de la vida presente, nos la quiten y roben los ladrones espirituales que nos están continuamente observando. (S. Greg. el Grande, Lib. 8, c. 48, p. 282, sent. 38, Tric. T. 9, p. 244.)»

«Cuando manifestamos a los ojos del mundo nuestras buenas acciones, es preciso primero sondear nuestro corazón, para saber la verdadera intención que tenemos en esto. Porque, si puramente buscamos la gloria de Dios, que es el que nos comunica sus dones, no dejan de estar escondidas nuestras buenas obras, aunque sean públicas: como, al contrario, si pretendemos en esto nuestra propia gloria, ya Dios las reputa como publicadas, aunque no hayan llegado al conocimiento de muchos: pero es perfección de muy pocos buscar tan puramente la única gloria de Dios en las acciones de virtud que se manifiestan, y que no nos toque algún movimiento de complacencia en los aplausos que nos dan los hombres: porque no se pueden manifestar sin alguna culpa las buenas obras, sino cuando llega el hombre a pisar con des~ precio las alabanzas humanas. Y como las personas imperfectas, y de una piedad común no tienen todavía fortaleza suficiente para colocarse superiores a estos movimientos de la vanidad, no las queda otro medio de libertarse sino el de ocultar con todo cuidado el bien que ejecutan. Muchas veces sucede que no teniendo al principio otra intención en manifestar sus buenas obras, que la de dar a Dios la gloria que se le debe, se ven tan embriagados de los elogios que les dan, que se dejan llevar de ellos con vanidad: de suerte, que por no haber examinado el fondo de su corazón, se hallan tan derramados fuera de sí mismos, que no saben lo que se hacen, y ejecutan las acciones buenas por soberbia y vanidad cuando piensan que obran por el servicio y gloria de su Criador. (S. Greg. el Grande, lib. 8., p. 283, sent. 39, Tric. T. 9, p. 245.)»

«El deseo de las humanas alabanzas es como un ladrón disfrazado de caminante, que juntándose con nosotros en el camino derecho por donde vamos, como para hacernos compañía, saca de repente un puñal con que a traición atraviesa los corazones. Porque cuando la buena intención que teníamos al principio de obrar para utilidad de¡ prójimo llega a degenerar en amor propio y en deseo de vanagloria, sucede por un modo horrible al pensarlo, que la acción que había empezado

por virtud acaba en pecado. Por ejemplo: habrá tal vez algunos que defienden con celo la justicia, sólo pretenderán la recompensa temporal cuando practican tan grande acción. Entre tanto se tienen por muy justos, y se glorian de ser los protectores de la virtud: pero si llega a faltar la esperanza de los adelantami(-ntí~,,~, tetnporales, se les ve abandonar con cobardía el partido de la justic’a; en lo que se conoce, que cuando se tenían por los más justos y más celosos defensores de la equidad, no buscaban realmente otra cosa sino el mercenario interés. (S. Greg. el Grande, lib. 9, c. 24, p. 304, sent. 43, Tric. T. 9, p. 247.)»

«Nada hagáis con el fin de que os alaben: nada por lo que pensarán de vosotros: nada por hacer célebre vuestro nombre: hacedio todo por Dios, y por aquella feliz y eterna vida, que se digna concederos en el cielo nuestro Salvador, que vive y reina con el Padre y con el Espíritu Santo en la eternidad de los siglos. Amén. (S. Anselmo. Exhort. ad contemptum temporal., sent. 35, Tric. T. 9, p. 347.)»

«El que canta las alabanzas divinas y pretende otra cosa fuera del mismo Dios, le alaba, mas no le ama. Alabad, pues, al Señor, pero sea dignamente, de suerte, que no haya en vosotros, cuidado, intención, pensamiento ni deseo del espíritu que en cuanto os sea posible no contribuya a su alabanza: ninguna prosperidad de este mundo, ninguna desgracia os aparte de esta obligación, y de este modo alabaréis al Señor con todo vuestro corazón. Mas cuanto hubiereis cumplido con vuestra obligación alabando a Dios con toda el alma, y alabándole con amor, no esperéis de él otro premio, que el mismo Dios, para que sea el objeto y término de todos vuestros deseos, y el mismo Señor sea el salario de vuestro trabajo, el consuelo de vuestras penas, y por último, vuestra herencia en la posesión inmortal de la vida bienaventurada que esperamos en el cielo. (S. Anselmo, sent. 38, Trie. T. 9, p. 348, y 349.)» 1.11 Meditat.

«La verdadera amistad suele tener reprensiones, pero nunca adulaciones. (S. Bern., Epist. 242, sent. 61, Tric. T. 10, p. 325.)»

«Nada confunde tanto como el ver descubiertos los deseos de ser alabado. (S. Bern., Epist.. 106, sent. 76, Trie. T. 10., p. 326.)»

«La hermosa pintura, o la bella letra no es elogio del pincel, ni de la pluma. (S. Bern., Epist.. 7, n. 6, sent. 93, Trie. T. 10, p. 327.)»

«¿Por ventura parece que soy áspero porque no adulo, porque aterro, porque deseo para el amigo el principio de la sabiduría? Siempre quisiera favorecer de este modo a mis amigos: quiero decir, aterrándolos saludablemente, y no adulándonos con engaños. (S. Bem., Epist.. 9, sent. VII, adieda. Trie. T. 10, p. 346.)»

«Yo acostumbro a armarme de dos versecitos de la Escritura contra los que me alaban. El primero es contra los malévolos. Retirense y llénense de confusión los que para mi quieren males. Contra los benévolos, pronuncio el siguiente. Retírense inmediatamente avergonzados los que dicen viva, viva. (S. Bem., Epist. 72, sent. XIV, adic. Trie. T. 10, p. 349.)»

«Siendo muchos los llamados y pocos los escogidos, no es grande argumento ni razón para resolver en las cosas dudosas, tener por laudable lo que muchos alaban. (S. Bem., Epist.. 377, ad Innoc. Pap. sent. XLII, adie. Tric. T. 10, p. 361.)»

(La adulación, alabanza o lisonja, no sólo la reprueba la Sagrada Escritura y Santos Padres, sino hasta los Filósofos Gentiles y Emperadores). «Pitágoras dice que debemos alegrarnos cuando se nos vitupera, y jamás cuando nos alaban. Mira a los aduladores como a enemigos los más peligrosos y detestables.»

ALEGRÍA

Una persona alegre obra el bien,

gusta de las cosas buenas y agrada a Dios.

En cambio, el triste siempre obra el mal

(PASTOR DE HERMAS, Mand. 10, 1).

Citas de la Sagrada Escritura

Son para mí tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón. Jer 15, 6.

Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor. Dijo Maria: Mi alma engrandece al Señor y exulta de júbilo mi espiritu en Dios, mi Salvador. Lc 1, 4647.

Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David. Lc 2, 1011.

Abrahán, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vió y se alegro. Jn 8, 56.

Pero no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en los cie10s. Lc 10, 20.

En el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia. Lc 15, 7.

Era preciso hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado. Lc 15, 32.

De nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría. Jn 16, 22.

Les llevó hasta cerca de Betania, y levantando sus manos les bendijo, y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo. Ellos se postraron ante El y se volvieron a Jerusalén con gran gozo. Lc 24, 5052.

Ellos se fueron contentos de la presencia del sanedrin, porque habian sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús. Hech 5, 41.

Tengo mucha confianza con vosotros; tengo en vosotros grande motivo de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones. 2 Cor 7, 4.

Luego oí como una voz de una gran multitud, y como una voz de muchas aguas, y como una voz de potentes truenos, que decia: » ¡Aleluya!» Porque el Señor, Nuestro Dios omnipotente, ha establecido su reino. Apoc 19, 67.

La alegría del cristiano tiene su fundamento en Dios

77 Es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta con sólo contentar a Dios y no hace caso de contento suyo. En queriendo algo más lo perderá todo; y alma descontenta es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el manjar le da en rostro, y lo que los sanos comen con gran gusto le hace asco en el estómago (SANTA TERESA, Camino de perfección, 13, 7).

78 Nuestro Salvador ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa.Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 1, en la Natividad del Señor).

79 No dijo San Pablo que el reino de Dios consistía en la alegría de una manera general y absoluta, sino que precisa y especifica que se trata de una alegría o gozo en el Espíritu Santo. El sabía de sobra que existe otra alegría, una alegría reprensible de la cual está escrito: El mundo se alegrará. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque lloraréis! (Lc 6, 25; Jn 16, 20) (CASIANO, Colaciones, 1, 14).

80 [ ..] sólo de El, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mi (Gal 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento de fe se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todo nuestro pecado y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre (JUAN PABLO II, Disc. 11-II-1980).

81 Al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Cloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor […]. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso? (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 1, en la Natividad Señor).

82 ¿No hay alegría?—Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo.—Casi siempre acertarás (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 662).

83 Perdemos la alegría verdadera por el deleite de las cosas temporales (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).

84 Nada hay más infeliz que la felicidad de los que pecan (SAN AGUSTIN, Catena Aurea, vol. 1, p. 325).

El «camino de Dios» es un camino alegre

85 El camino de Dios es de renuncia, de mortificación, de entrega, pero no de tristeza o de apocamiento (J. ESCRIVA LE BALAGUER, Amigos de Dios, 128).

Altar

«Hablando de la Eucaristía, S. Ireneo dice, que Dios no manda, como al antiguo pueblo, hacerle continuamente y sin interrupción nuestras ofrendas sobre el Altar, aunque no haya necesidad. Ireneo. Bergier. Tomo 1, p. 191.)»

«Orígenes habla de los fieles que hacían regalos para el adorno de las Iglesias y de los Altares. (Homil. 10, sobre Josué, Bergier, T. 1, 191.)»

«San Cipriano opone la Iglesia al capitolio, y los altares del Señor a los altares de los ídolos. (Epis. 55, a Comelio, Bergier, idem, idem.)

«Eusebio habla de una Iglesia y de un altar en la ciudad de Cesarea, bajo el imperio de Galiano; por consiguiente a mediados del siglo tercero. (Eusebio, Histor. Eclesiást., lib. 7, c. 15. Bergier, Tomo 1, 191.)»

«Este Santo Altar a que asistimos, es por su naturaleza una piedra común… Mas después que se consagró para el culto, y recibió la bendición, es una mesa santa y un altar inmaculado, que solo lo Sacerdotes, y éstos con veneración deben tocar. El pan también e primero un pan común; pero ya misteriosamente sacrificado, se hace el cuerpo de Cristo y se llama así. (S. Greg. de Nisa, de Bapt. Chr sent. XVII, adic. Tric. T. 4, p. 363.)»

AMISTAD

Citas de la Sagrada Escritura

Entre Dios y los hombres justos: Sab 7, 27; Is 41, 8.

Amistad fraterna entre David y Jonatán: I Sam, 18, 13; 2 Sam 1, 26.

La amistad no tiene precio: Ecl 4, 912; Eclo 7, 20.

Elección de los amigos: Eclo 13: 1 ss.

El verdadero y el falso amigo: Eclo 37, I ss.

Los males amigos: Prov I, 816.

Amigos y vecinos: Prov 27, 1022.

El amigo ama en todo tiempo, es un hermano para el día de la desventura. Prov 17, 17.

A sus discípulos, Jesús los honró con el titulo de amigos: Jn 11, 53 ss.

Incluso a Judas, después de la traición: Mt 26, 50.

No rechazó la amistad de <publicanos y pecadores>: Lc 7, 34.

Los amigos de Betania: Lc 10. 3842; Jn 11, 144; 12, 18.

La mayor prueba de amistad, dar la vida: Jn 15, 13.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando: Jn 15, 14.

No os llamo siervos, sino amigos: Jn 15, 15.

Pablo envia saludos a sus amigos en la fe: Rom 16, 89; Tit 3, 15.

Juan envia saludos a los amigos, <a cada uno en particular>: 3 Jn 15.

Amistad entre los primeros cristianos: 3 Jn 1; I Pdr 5, 13; Col 4, 14; 2 Tim 4, 11; Fil 24; Tit 1, 4; etc.

<Un amigo fiel es poderoso protector; el que le encuentra halla un tesoro’>. Eclo 6, 14.

El perfume y el incienso alegran el corazón y la dulzura del amigo consuela el alma. Prov 27, 9.

No cambies un amigo por dinero […1. Eclo 7, 20.

La amistad verdadera

112 El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias,rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, en Gran Enciclopedia Rialp, val. 2, p. 101).

113 No todo amor tiene razón de amistad, sino el amor que entraña benevolencia, es decir, cuando de tal manera amamos a alguien que queremos para él el bien […]. Es preciso también que el amor sea mutuo, pues el amigo es amigo para el amigo. Esta correspondida benevolencia se funda en alguna comunicación (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 23, a. 1).

114 Esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible (BEATO ELREDO, Trat. sobre la amistad espiritual, 3).

115 Nadie puede ser conocido sino en función de la amistad que se le tiene (SAN AGUSTIN, Sermón 83).

116 Hay más amistad en amar que en ser amado (SANTO TOMAS, Suma Teologica 22, q. 27, a. 1).

117 La amistad que puede acabar, nunca fue verdadera amistad (SAN AMBROSIO, Trat. sobre los oficios de los ministros).

118 Quien es verdaderamente amigo, alguna vez corrige, nunca adula (SAN BERNARDO, Epístola 34).

119 Es propio del amigo hacer bien a los amigos, principalmente a aquellos que se encuentran más necesitados (SANTO TOMAs, Etica a Nicómaco, 9, 13)

La amistad se fortalece con la caridad

120 No hay amistad verdadera sino entre aquellos que Tú aúnas entre sí por medio de la caridad (SAN AGUST;N, Confesiones, 4).

121 Si una desatención, un perjuicio en los intereses, la vana gloria, la envidia, o cualquier otra cosa semejante, bastan para deshacer la amistad, es que esa amistad no dio con la raíz sobrenatural (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 60).

AMOR

Citas de la Sagrada Escritura

Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos. Jn 15, 13, 1

El que no ama permanece en la muerte. I Jn 3, 14.

El que ama, construye. I Cor 8, 1.

El verdadero amor es «paciente y benigno» I Cor 13, 4.

Hacerlo todo por amor: I Cor 16, 14.

Es también un fruto del Espiritu Santo: Cal 5, 22.

Dios es Amor. I Jn 4, 8.

No hay temor en el verdadero amor: I Jn 4, 18.

Es la señal que distingue al cristiano: Jn 15, 12.

El amor es fuerte como la muerte |…] Cant 8, 6.

El amor verdadero

138 Tales almas son siempre aficionadas a dar mucho más que no a recibir, y aún con el mismo Criador les acaece esto. Y esta afición santa merece nombre de amor, que esotras aficiones bajas tiénenle usurpado el nombre (SANTA TERESA, Camino de perfección 6, 7).

139 Nadie hay que no ame, pero lo que interesa es cuál sea el objeto de su amor. No se nos dice que amemos, sino que elijamos a quién amar (SAN AGUSTIN, Sermón 34)

140 El amor es la explicación de todo. Un amor que se abre al otro en su individualidad irrepetible y le dice la palabra decisiva: &laquo;quiero que tú seas&raquo;. Si no se comienza por esta aceptación del otro, como quiera que se presente, reconociendo en él una imagen real, aunque empañada, de CristO, no se puede decir que se ama verdaderamente (JUAN PABLO 11, Aloc. 13lV1980).

141 El amor ilumina el corazón (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, I.c., p. 205).

142 No dejan huella en el alma las buenas costumbres, sino los buenos amores (SAN ACUSTIN, Sermón 311).

143 Es también característico del amor ir transformando al amante en el amado. Por lo cual, si amamos lo vil y caduco, nos convertimos en viles e inseguros: Se hicieron despreciables como las cosas que amaban (Os 9, 10). Pero si amamos a Dios, nos divinizamos, porque el que se une al Señor, se hace un solo espiritu con El (I Cor 6, 17) (SANTO TOMAS, Sobre la caridad, 1. c., 202).

144 Hay más amistad en amar que en ser amado (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 22, q. 27, a. l).

145 Todo amor, desde el momento en que es auténtico, puro y desinteresado, lleva en si mismo su justificación Amar gratuitamente es un derecho inalienable de la persona, incluso—habría que decir sobre todo—cuando el Amado es Dios mismo (JUAN PABLO II, Aloc. 2VI1980).

146 El amor basta por si solo, satisface por si solo y por causa de si. Su mérito y su remio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo para amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma (SAN BERNARDO, Sermón 83).

147 Esto es en verdad el amor: obedecer y creer al que se ama (SAN AGUSTIN, Hom. sobre S. Juan, 74).

Conecer y amar

148 El conocimiento es causa del amor por la misma razón por la que lo es el bien, que no puede ser amado si no es conocido (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 12, q. 27, a. 2).

149 El amor es más unitivo que el conocimiento (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 12, q. 28, a. l).

AMOR A DIOS

Citas de la Sagrada Escritura

Yo soy el Señor tu Dios […]. No tendrás otros dioses fuera de mi.

Ex 20, 2-3.

Escrito está: Adorarás al Sefior tu Dios y a El sólo servirás.

Lc 4, 8; Mt 4, 10.

Adorad a Aquel que

hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de las aguas.

Apoc 14, 7.

El ángel dijo: Adora a Dios. Apoc 22, 9.

Dios es espíritu y, por lo mismo, los que le adoran, en espiritu y en verdad deben adorarle.

Jn 4, 24.

El le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.

Mt 22, 37; Dt 6, 4-9; 11, 13-19.

Pues éste es el amor de Dios, que guardemos sus preceptos…

I Jn 5, 3.

&iquest;Quién nos separará del amor de Cristo? &iquest;La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Rom 8, 35.

Respondió Jesús y les dijo: Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada.

Jn 14,23.

El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre, y yo le amaré y le manifestaré a él.

Jn 14, 21.

[…] Escrito está, ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente

del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.

I Cor 2, 9.

[…] Sean los que te aman como el sol

cuando nace con toda su fuerza.

Jdt 5, 31.

&laquo;Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona poco ama.

Lc 7, 47.

Guarda Yave a cuantos le aman […]

Sal 144, 20.

Para los que aman a Dios todo ocurre para su bien.

cfr. Rom 8, 28.

ANGELES CUSTODIOS

Fe constante de la Iglesia en la existencia y misión de los Angeles Custodios

278 Siempre creyó la Iglesia que los apóstoles y mártires de Cristo, por haber dado el supremo testimonio de fe y de caridad con el derramamiento de su sangre, nos están más íntimamente unidos en Cristo; les profesó especial veneración junto con la Bienaventurada Virgen y los santos ángeles, e imploró piadosamente el auxilio de su intercesión (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 50).

279 Conocemos por la fe que existen los ángeles y leemos que se aparecieron a muchos, de forma que no es licito dudarlo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 103)

280 Casi todas las páginas de los libros sagrados testifican que existen ángeles y arcángeles (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.).

281 Todos los hombres tienen junto a si dos ángeles: uno bueno y otro malo. Así nos lo atestigua la Escritura. Respecto a los ángeles buenos, el Salvador nos dice: No despreciéis a ninguno de estos pequeñuelos: yo os digo que sus ángeles ven constantemente la f az de mi Padre que está en los cielos (Mt 18, 10). A ellos se refiere asimismo esta palabra: Enviará al ángel del Señor junto a los que le temen y les salvará (Sal 33, 8). Y en los Actos de los Apóstoles, a propósito de Pedro: Porque es su ángel (Hech 12, 15) (CASIANO, Colaciones, 8, 17).

282 Es probable que congregados legítimamente muchos para dar gloria a Dios, esté el Angel de cada cual en derredor de quienes sirven al Señor, junto con aquella persona cuya guarda y custodia se le ha confiado; de suerte que se puede hablar de una doble asamblea de santos: una de hombres y otra de ángeles (ORiGENES, Trat. sobre la oración, 30, 5).

283 La Providencia de Dios ha dado a los Angeles la misión de guardar al linaje humano y de socorrer a cada hombre […1. Han sido desiguados desde nuestro nacimiento para nuestro cuidado, y constituidos para defensa de la salvación de cada uno de los hombres (CATECISMO ROMANO, parte IV, cap. IX, no. 4 y 6). 

Los grandes amigos del hombre

284 La tradición cristiana describe a los Angeles Custodios ~u mo a unos grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos. Y por eso nos invita a tratarlos, a acudir a ellos (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 63). 

285 Envía a sus ángeles cerca de ti, dice el Salmo, para que te guarden en todos tus caminos. Por eso mismo hemos de velar con más cuidado, ya que no habría tanta solicitud por nosotros en el cielo si no nos viesen tan necesitados. No pondrían tantos guardianes si no fuera tanta la asechanza (SAN BERNARDO, Serm. 11, sobre el Salmo 90). 

Misión de los Angeles Custodios

286 Los ángeles, además de llevar a Dios nuestras noticias, traen los auxilios de Dios a nuestras almas y las apacientan como buenos pastores, con comunicaciones dulces e inspiraciones divinas. Dios se vale de ellos para comunicarse con nosotros. Los ángeles nos defienden de los lobos, que son los demonios, y nos amparan (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 2, 3).

287 Son los embajadores de Dios con los hombres, y los embajadores de los hombres con Dios. No solamente son los ángeles de Dios, sino también los ángeles de los hombres. Angeles, es decir enviados: son, pues, los ángeles de Dios porque El nos los envía para asistirnos; son los ángeles de los hombres, porque nosotros los volvemos a enviar para obtener su misericordia. Vienen a nosotros cargados con sus dones, vuelven cargados con nuestros votos; descienden para conducirnos, suben para llevar a Dios nuestros deseos y nuestras buenas obras (BOSUET, Sermón para la fiesta de los santos Angeles Custodios, Lebarq, Oeuvres oratoires de Bossuet, tomo lll, Desclée de Brouwer, 1927, pp. 95-97).

288 (El ángel custodio) vela sobre nosotros, incansable y cuidadoso (SAN BERNARDO, Serm. 11, sobre el Salmo 90).

289 Te pasmas porque tu Angel Custodio te ha hecho servicios patentes.—Y no debías pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a ti (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 565).

APOSTOLADO

Citas de la Sagrada Escritura

1. La misión del cristiano.

Así como Tú me has enviado al mundo, así yo los he enviado también a ellos al mundo. Jn 17, 18.

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Mc 16, 15.

Vosotros sois la sal de la tierra. Mt5, 13.

Vosotros sois la luz del mundo. Mt5, 14.

Quien a vosotros recibe, a mi me recibe; y quien a mi me recibe, recibe a Aquel que me ha enviado. Mt 10, 40.

2. El cristiano ha de ser levadura en la masa.

Es semejante el reino de los cielos al fermento que coge una mujer y lo pone en tres medidas de harina hasta que todo fermenta. Mt 13, 33.

Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. I Cor 5, 6.

3. Unión con el Señor.

Al modo que el sarmiento no puede producir fruto, si no está unido con la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos conmigo. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; quien está unido conmigo, y yo con él, ése da mucho fruto, porque sin mi no podéis hacer nada. Jn 15, 4-5.

4. Voluntad salvífica de Dios

Dios quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. I Tim 2, 4.

Yo he venido a echar fuego en la tierra, &iquest;y qué he de querer sino que se encienda? Lc 12, 49.

5. Instrumentos del Señor

Yo planté, Apolo regó: pero es Dios quien da el incremento. I Cor 3, 5-7.

6. Ejemplo de los Apóstoles

Los Apóstoles no cesaban de enseñar y anunciar el Evangelio por todas partes: Hech 5, 42; 8, 4.

7. No desanimarse ante las dificultades

Teniendo presente que vuestro trabajo no es vano en el Señor. I Cor 15, 58.

Mis elegidos no trabajarán en vano. Is 65, 23.

8. Responsabilidad

El que tiene la palabra de sabiduría, pero no quiere emplearla en provecho del prójimo, es lo mismo que quien pone el dinero en una bolsa y la tiene siempre atada. Ecl 49, 17.

SELECCiÓN DE TEXTOS

El fin de todo apostolado es la salvación de las almas

311 La misión de la Iglesia tiene como fin la salvación de los hombres, la cual hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. Por tanto, el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo con palabras y obras el mensaje en Cristo y a comunicar su gracia (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 6).

312 &iexcl;A cuántos hombres es preciso llevar todavía a la fe! Cuántos hombres es preciso reconquistar para la fe que han perdido, siendo a veces esto más difícil que la primera conversión a la fe. Sin embargo la Iglesia, consciente de aquel gran don, del don de la Encarnación de Dios, no puede nunca detenerse, no puede pararse jamás (JUAN PABLO II, Hom. 6-1-1979).

APOSTOLADO

313 Y así me acaece, que cuando en las vidas de los santos leemos que convirtieron almas, mucha más devoción me hace y más ternura y más envidia, que todos los martirios que padecen (por ser ésta la inclinación que Nuestro Señor me ha dado), pareciéndome que precia más un alma que por nuestra industria y oración le ganásemos mediante su misericordia, que todos los servicios que le podemos hacer (SANTA TERESA, Fundaciones, 1, 7).

314 También puede ocurrir que no tenga pan que dar de limosna al indigente; pero quien tiene lengua, tiene algo más que poder dar, pues alimentar con el sustento de la palabra el alma, que ha de vivir para siempre, es más que saciar con pan terreno el estómago del cuerpo, que ha demorir (SAN GREGORO MAGNO, Hom. 6 sobre los Evang.).

&laquo;De la abundancia del corazón habla la boca&raquo;.

Necesidad de tratar a Dios, para hablar de El

315 Antes de permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma sedienta, con el fin de dar lo que hubiere bebido y esparcir aquello de que la haya llenado (SAN AGUSTIN, Sobre la doctrina cristiana, 1, 4).

316 Para que aprenda el hombre a amar a su prójimo como a si mismo, debe antes aprender a amar a Dios como a si mismo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 118).

317 Cristo, enviado por el Padre, es la fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia. Es, por ello, evidente que la fecundidad del apostolado seglar depende de la unión vital de los seglares con Cristo. Lo afirma el Señor: El que permanece en mi y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mi no podéis hacer nada (Jn 15, 5) (CONC. VAT. Il, Decr. Apostolicam actuositatem, 4).

318 Recibe de Cristo, para que puedas hablar a los demás. Acoge en ti el agua de Cristo […]. Llena, pues, de esta agua tu interior, para que la tierra de tu corazón quede humedecida y regada por sus propias fuentes (SAN AMBROSIO, Carta 2, 1-2).

319 Y pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción—&iexcl;al activismo!—, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Angeles custodios… Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel del panal (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 1 8).

320 Lo que admiran mucho los hombres lo divulgan luego, porque de la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12) (SANTO TOMAS, en Catena Aurea, val. IV, p. 37).

321 Sin una vida interior sólida, sin una auténtica unión con Jesucristo, sin piedad verdadera, no se puede ser apóstol. Para restaurar todas las cosas en Cristo por medio del apostolado es menester la gracia divina, y el apóstol no la recibe si no está unido a Cristo. Todos los que participan del apostolado deben, por tanto, poseer la verdadera piedad (SAN PIO X, Carta, I 1-ó-1909).

322 (El Bautista) […] escuchaba en su interior la voz de la verdad para manifestar al exterior lo que oía (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 20 sobre los Evang.).

323 Empieza por tener paz en ti mismo, y así podrás dar paz a los demás (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val. I, p. 254).

324 &laquo;Nonne cor nostrum ardeos erat in nobis, dum loqueretur in via?&raquo;—&iquest;Acaso nuestro corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba en el camino?Estas palabras de los discípulos de Emaús debían salir espontáneas, si eres apóstol, de labios de tus compañeros de profesión, después de encontrarte a ti en el camino de su vida (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 917).

ARIDEZ

En qué consiste la verdadera devoción

418 Porque no es devoción aquella ternura de corazón o conlación que sienten algunas veces los que oran, sino esta prontitud y aliento para bien obrar, de donde muchas veces acaece hallarse lo uno sin lo otro, cuando el Señor quiere probar a los suyos (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 1).

419 Tienes una pobre idea de tu camino, cuando, al sentirte frío, crees que lo has perdido: es la hora de la prueba; por eso te han quitado los consuelos sensibles (J. ESCR[VA DE BALAGUER, Camino, n. 996).

420 No has de ser como muchos ignorantes que piensan de Dios superficialmente y creen que, cuando no lo entienden o no lo gustan ni sienten, Dios está más lejos y más escondido (SAN JUAN DELA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 12).

421 Debes comportarte como te he indicado […] en el tiempo de las consolaciones; pero esto no durará mucho, pues a veces te sentirás tan privada y destituida de sentimiento y devoción que te parecerá que tu alma es una tierra desierta, infructuosa, estéril, donde no se abre camino ni sendero alguno para encontrar a Dios, ni se encuentra el agua de la gracia que la pueda regar, a causa de la sequía que, a tu manera de ver, la convertirá en un desierto. &iexcl;Oh, cuán digna de lástima es el alma que se ve en semejante estado y, sobre todo, cuando su mal es vehemente! Porque entonces, a semejanza de David, se derrite en lágrimas día y noche (Ps 62, 3), mientras que el enemigo, mediante mil sugerencias para sumirla en la desesperación, se mofa de ella diciéndole: &iexcl;Ah, pobrecilla!, &iquest;Dónde está tu Dios? (Ps 61,3) (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, IV, 14).

422 El que quisiere ver cuánto ha aprovechado en este camino de Dios, mire cuánto crece cada día en humildad interior y exterior. &iquest;Cómo sufre las injusticias de los otros? &iquest;Cómo sabe dar pasada a las flaquezas ajenas? &iquest;Cómo acude a las necesidades de sus prójimos? &iquest;Cómo se compadece y no se indigna contra los defectos ajenos? &iquest;Cómo sabe esperar en Dios en el tiempo de la tribulación? &iquest;Cómo rige su lengua? &iquest;Cómo guarda su corazón? &iquest;Cómo trae domada su carne con todos sus apetitos y sentidos? &iquest;Cómo se sabe valer en las prosperidades y adversidades? &iquest;Cómo se repara y provee en todas las cosas con gravedad y discreción? Y, sobre todo esto, mire si está muerto el amor de la honra, y del regalo, y del mundo, y según lo que en esto hubiere aprovechado, así se juzgue, y no según lo que siente o no siente de Dios (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 5).

423 […] porque de razón de tibieza es no se le dar mucho, ni tener solicitud interior por las cosas de Dios […] Lo que es sólo sequedad purgativa tiene consigo ordinaria solicitud con cuidado y pena, como digo, de que no sirve a Dios […]. (SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 1, 9).

424 En lo que está la suma perfección claro está que no es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos […], sino en estar nuestra voluntad tan conforme a la voluntad de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos con toda nuestra voluntad (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 10).

La oración &laquo;con sequedad&raquo;

425 &laquo;&iquest;Qué me pasa? Estoy decaída, nada me puede ya contentar, todo me disgusta; &iexcl;me siento tan confundida!&raquo; Mas, &iquest;por qué? Hay dos clases de confusión: la una lleva a la humildad de la vida; la otra, a la desesperación y, en con secuencia, a la muerte. &laquo;Os aseguro que estoy tan turbada —dice ella—que casi me falta el aliento y renuncio a aspirar a la perfección&raquo;. &iexcl;Dios mío, qué debilidad! Faltan los consuelos y, en consecuencia, viene a menos el valor. No conviene obrar así, sino que cuanto más nos priva Dios de sus consuelos, tanto más debemos esforzarnos en testimoniarle nuestra fidelidad. Un solo acto practicado durante esta aridez vale más que muchos otros hechos durante el tiempo de consolación, porque, como ya he dicho hablando de Job, se practica con amor mucho más fuerte que el otro, tierno y sensible. Así, pues, cuanto más me quiten, más daré (SAN FRANCISCO DE SALES, Conversaciones espirituales, 17, 3).

426 Para el que ama a Jesús, la oración, aun la oración con se- quedad, es la dulzura que pone siempre fin a las penas: se va a la oración con el ansia con que el niño va al azúcar, después de tomar la pócima amarga (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 889).

427 Que, por cuanto aquí purga Dios al alma…, conviene que sea puesta en vacío y pobreza y desamparo de todas estas partes (potencias interiores y exteriores), dejándola seca, vacía y en tinieblas (SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 2, 6, 4).

428 Y así se determine, aunque para toda la vida le dure esta sequedad, no dejar a Cristo caer con la cruz. Tiempo vendrá que se lo pague por junto; no haya miedo que se pierda el trabajo; a buen amo sirve; mirándole está (SANTA TERESA, Vida, 11, 3).

AVARICIA

Citas de la Sagrada Escritura

El amor a las riquezas de nada aprovecha: Ecl 2, 17; 5, 9; Eclo 14, 3.

La avaricia causa de muchos males: Prov 1, 19; Eclo 10, 10; 1 Sam 25, 38; 2 Sam 17, 23.

Hay que guardarse de ella: Sa/ 118, 36.

Especialmente deben evitarla los que gobiernan: Ex 18, 21; 23, 8; Dt 16, 19;Prov28, 16;1s5,23;Ez 22, 12-13; Miq 3, 11.

Algunos perecieron por causa de la avaricia: Jos 7, 21-25; 2 Rey 5, 20-27; 2 Mac 10, 20-23.

Si abundan las riquezas, no apagareis vuestro corazón. Sa/ 61, 11.

Nada más inicuo que el avaro, pues es capaz de venderse a si mismo. Eclo 10, 6.

No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mt 6, 24.

¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? Mc 8, 36.

Guardaos bien de toda avaricia que, aunque uno esté en la abundancia, no tiene asegurada su vida con la hacienda. Lc 12, 15.

[…] son los paganos quienes buscan estas cosas con afán. Lc 12, 30.

Haceos con bolsas que no se gasten y tesoros inagotables en el cielo, donde no se acerca ningún ladrón, ni roe la polilla, porque

donde está vuestro tesoro allí estará vuestro corazón. Lc 12, 33-34 (Mt 6, 19-21).

Especie de idolatría: Col 3, 5; Ef5, 5.

[…] ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos […] heredarán el reino de Dios. I Cor 6, 10 Tit 1, 7-11.

Que vuestra conducta esté libre de avaricia. Contentaos con lo que tenéis […] Heb 13, 5.

[…] los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas ahogan la doctrina y queda sin fruto. M’ 3, 13, 22.

Traición de Judas por dinero. Mt26, 15;Jn 12,ó.

Castigo de la codicia de Ananias y Safira: Hech 24, 26.

Codicia del procurador Félix y la prisión de Pablo: Hech 24, 16.

A los ricos de este mundo encárgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos. I Tim 6, 17.

La fornicación y cualquier género de impureza y avaricia ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos. Ef 5, 3.

Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos. Mc 10, 25.

AYUNO

Citas de la Sagrada Escritura

En señal de luto y de tristeza: Jue 20,26; I Sam31, 13;Jer41,2;52, 12; Zac 7, 2-5; 8, 9.

Penitencia unida a la oración para obtener la misericordia de Dios: Lev 19, 29; Num 30, 14-26; Tob 12, 8; 1 Mac 2, 47; 2 Mac 13, 12.

Día del ayuno: Lev 16, 29.

Cómo se ha de ayunar: Is 58, 3-7; Jer 14, 12.

De Nuestro Señor en el desierto: Mt 4, 1-2; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.

Nuestro ayuno debe ser humilde; si no, pierde todo el mérito: Mt 6, 16-18; Lc 18, 11-14.

Ayuno y oración para obtener de Dios el poder de arrojar a los demonios: Mt 17, 20; Mc 9, 28.

El ayuno de los hipócritas: Mt 6, 16-18; Lc 18, 9-14.

Ayuno de Saulo después de su conversión: Hech 9, 9-19.

Bienes espirituales del ayeno

Antes de la imposición de las manos a Saulo y Bernabé: Hech 13, 2-3.

De Pablo y Bernabe antes de la ordenación de los sacerdotes: Hech 16, 22.

Los ayunos frecuentes de San Pablo: 2 Cor 11, 27.

San Pablo recomienda a todos la templanza, en especial a los que habían de ser ordenados ministros: 1 Tes 5,6;2Tim4,5; Tit1,7;2, 2-3.

Nuestro Señor defiende a sus discípulos de las acusaciones que les hacían porque no ayunaban: Mt 9, 14-15; Mc 2, 18-20; Lc 5, 3335.

Dispone para recibir las gracias del Señor: Lc 2, 37-38.

Los ministros de Dios y el ayuno: 2 Cor 6, 4-8.

Para someter nuestro cuerpo: I Cor 9, 27.

BIENES ESPIRITUALES DEL AYUNO

464 El ayuno fortifica el espíritu, mortificando la carne y su sensualidad; eleva el alma a Dios; abate la concupiscencia, dando fuerzas para vencer y amortiguar sus pasiones, y dispone el corazón para que no busque otra cosa distinta de agradar a Dios en todo (SAN FRANCISCO DE SALES, Sermón sobre el ayuno).

465 El ayuno purifica el alma, eleva el espiritu, sujeta la carne al espIritu, da al corazón contrición y humildad, disipa las tinieblas de la concupiscencia, aplaca los ardores del placer y enciende la luz de la castidad (SAN AGUSTIN, Sermón 73).

466 El cristiano tiene libertad para ayunar en cualquier tiempo, no por superstición, sino por virtud. ¿De qué modo, sin embargo, puéden g-uardar los cristianos la castidad si no cuidan la continencia en estas cosas? ¿Cómo pueden estudiar las Escrituras y buscar la ciencia y la sabiduría? ¿No es, acaso, gracias a la continencia del vientre y de la boca, regulando la comida y la bebida por la abstinencia y el ayuno? Esta es la razón del ayuno cristiano. Hay también otra razón de carácter religioso, muy alabada desde el tiempo de los Apóstoles: «Bienaventurado quien ayuna para ayudar a los pobres». Este ayuno es verdadero, digno y grato a los ojos de Dios (ORIGENES, Homilía 10).

467 Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración, lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón 43).

Ayuno y caridad

El ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se 468 seca sin este riego; lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón, 43).

«Soporte de la oración»

Todos los que han querido rogar por alguna necesidad, 469 han unido siempre el ayuno (la penitencia) a la oración, porque el ayuno es el soporte de la oración (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, val. I, p. 377).

BAUTISMO

Citas de la Sagrada Escritura

1. Sacramento instituido por Jesucristo.

Yo (Juan Bautista) os he bautizado con agua, mas (Jesús) os bautizará con el Espiritu Santo. Mc 1, 8; Mt 3, 2; Jn 1, 33.

Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mt 28, 19; Mc 16, 15-16.

Haced penitencia y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesucristo. Hech 2, 38; 8, 12.

Jesús fue con sus discípulos a Judea, y allí moraba con ellos y bautizaba: Jn 3, 22; Jn 4, 2.

2. Necesario para la salvación.

Quien no renaciera del agua y del espiritu no podrá entrar en el reino de los cielos. Jn 3, 5.

El que creyere y fuere bautizado se salvará. Mc 16, 16.

Id, pues enseñad a todas las gentes, bautizándolas 1…]. Mt 28, 19.

3. Efectos en el alma.

a) Una vida nueva

Dios nos ha salvado por el Bautismo de regeneración y renovación del Espíritu Santo: Tit 3, 5.

Revestidos de Cristo: Col 3, 27.

En el Bautismo hemos quedado sepultados con Cristo para resucitar a una nueva vida: Rom 6, 4; Jn 3, 5.

b) Perdona los pecados

Sea bautizado cada uno de vosotros […] para remisión de vuestros pecados. Hech 2, 38.

Levántate, bautízate y lava tus pecados. Hech 22, 16.

Cristo amó a su Iglesia y se sacrifico por ella para santificarla, limpiándola con el Bautismo del agua: Ef 5, 25-26.

Recopilación obtenida de la web dudasytextos.com