El 25 de febrero de 1886 narró a sus amigos: Soñé que entraba a la catedral de Turín y que veía allí a dos que tenían un comportamiento no muy respetuoso en la Casa de Dios. Uno de ellos tenía el sombrero puesto y me atreví a decirle: – Perdone, pero si no tiene el respeto al sitio Santo, y no teme escandalizar y dar mal ejemplo a los demás, por lo menos téngase respeto y consideración a sí mismo. Quítese el sombrero.

El sacerdote respondió: – ¡Tiene usted razón! Y se quitó el sombrero.

Yo sonreí muy contento y… me desperté.

Nota: Quizás lo que más interesaba en este sueña era el mensaje de que si no se teme irrespetar el sitio donde uno está y no se teme dar mal ejemplo y escandalizar, por lo menos habría que evitar ciertos comportamientos por el respeto y la consideración que cada cual se debe a sí mismo.