«Tenemos
que convertirnos en cristianos valientes». Es ese el programa trazado por el
Papa Francisco en la primera página del libro en formato de bolsillo que regaló
a los fieles reunidos en la plaza de san Pedro para el Angelus Domini del I domingo de Cuaresma.

Sí, ¿pero
cómo se llega a ser valientes? Partiendo del corazón. En efecto, la etimología
enseña que valentía/coraje viene del latín cor,
precisamente el corazón. Por lo tanto, la valentía es una acción del corazón.
No por casualidad las treinta páginas del libro de bolsillo llevan el título
«Custodia el corazón».

Con
esta cálida y directa exhortación, el Papa Francisco quiere invitar a cada uno
de nosotros, tratándonos de tú, a que nos convirtamos en cristianos valientes
practicando lo que creemos. Su consejo es que nos dediquemos a la formación del
corazón, para que sea semejante al de Jesús, el Buen Pastor, a quien se hace
referencia en la portada con la ilustración de un fresco de las Catacumbas de
San Calixto que lo representa con una oveja sobre los hombros y otras dos que
orientan su cabeza hacia Él.

La
Cuaresma, por lo demás, hace resonar cada año el llamamiento a convertir la
vida partiendo del corazón, allí donde se juega el partido de las opciones
concretas, cotidianas, entre el bien y el mal, entre mundanidad y Evangelio,
entre indiferencia y capacidad de compartir, entre cerrazón egoísta y generosa
apertura a Dios y al prójimo. Lo recordaba el Papa en el Mensaje de este año: «deseo orar con ustedes a Cristo en esta
Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante
al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo
tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se
deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la
indiferencia».

En este sentido, el libro de bolsillo presenta ante todo
algunos matices de la enseñanza de Jesús a los discípulos, tomada de los
capítulos 5-7 del Evangelio de san Mateo (las bienaventuranzas, sed perfectos,
perdonad, acumulad tesoros en el cielo, no juzguéis, la regla de oro, cumplid
la voluntad del Padre), resumido en el mandamiento nuevo: «como yo os he amado,
amaos también los unos a los otros. En
esto sabrán todos que sois mis discípulos» (Jn
13, 34-35).

Así, se hace
referencia a las fórmulas esenciales de la fe profesada, celebrada y
practicada: el Credo (Símbolo de los Apóstoles) y los misterios principales de
la fe; las tres virtudes teologales (fe, esperanza, caridad); los siete
sacramentos; los siete dones y los doce frutos del Espíritu Santo; los diez
mandamientos y los cinco preceptos; las obras de misericordia corporales y espirituales;
las cuatro virtudes cardinales y los siete vicios capitales. La fuente a la que
se recurre para breves explicaciones es el
Catecismo de la Iglesia católica.

Se proponen luego dos prácticas
espirituales, heredadas de la tradición y de invariada actualidad: son la lectio divina, o sea un modo para
escuchar y asimilar lo que sale de la boca de Dios, y el examen de conciencia de la noche. Estas dos prácticas concretas las describe de
modo sencillo y claro el Papa mismo, la primera con textos tomados de la Evangelii gaudium (nn. 152-153) y la
segunda de una meditación en Santa Marta donde invita a ejercitarse en
“custodiar el corazón”, para que no se convierta en una plaza donde todos van y
vienen, excepto el Señor. Es muy útil volver a dejar espacio a estas dos
prácticas espirituales en el tiempo de la Cuaresma, para aprender a cultivarlas
todos los días del año.

La escucha de la Palabra de Dios como la celebración de los
sacramentos, especialmente de la Eucaristía dominical, encuentran su
realización en nuestra existencia. Pero lamentablemente debemos ajustar cuentas
con nuestras cerrazones, enfermedades y pecados. Darse cuenta de la distancia
que hay entre el Evangelio y mi vida -lo que pienso, digo, hago- es el primer
movimiento que enciende en mí el deseo de un corazón nuevo. Puesto que aquí
encuentra espacio el sacramento de la confesión para el perdón de los pecados,
las últimas páginas del libro de bolsillo son una ayuda en ese sentido. Tras
detenerse brevemente en por qué
confesarse, cómo confesarse, qué confesar
, a través de treinta y cuatro
interrogantes sobre el mal cometido y el bien omitido en relación a Dios, al
prójimo y a sí mismo, se ofrece un examen
de conciencia
, que culmina con el acto
de contrición
.

¡Custodia bien tu corazón! «Tener un corazón misericordioso no significa tener
un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte,
firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje
impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los
hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias
pobrezas y lo da todo por el otro» (Mensaje
del Papa para la Cuaresma de 2015).

Corrado
Maggioni