No es partidario


VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:

El hombre no puede huir del sufrimiento, sin huir de la existencia humana. 



No es partidario

El marido llega a casa un domingo al final de la mañana. 
– ¿ Fuiste a Misa? – le pregunta la mujer. 
– Fui. – ¿ Y predicó el cura?. 
– Predicó. – ¿ Y de qué habló?.
 – Habló del pecado. 
– ¿ Y qué dijo?. 
– ¡Uh!. Parece que no es muy partidario. 

* * * * * * * * * * * 

El pecado es la pérdida de la gracia. Y la pérdida de la gracia es la auténtica des-gracia. Por eso, difícilmente se puede ser partidario. 
Es conveniente tener muy clara una idea sencilla y de sentido común: ninguna acción nuestra desagradaría a Dios, ni sería pecado, si no nos perjudicase a nosotros mismos. A nosotros, no a Dios. A Dios nada ni nadie puede perjudicarle. 
El demonio lleva siglos tratando de hacer creer al hombre que el pecado y la felicidad van parejos.
 ¡Y cuantas veces ha logrado y sigue logrando engañarnos!.

No es partidario


VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:

El hombre no puede huir del sufrimiento, sin huir de la existencia humana. 



No es partidario

El marido llega a casa un domingo al final de la mañana. 
– ¿ Fuiste a Misa? – le pregunta la mujer. 
– Fui. 
– ¿ Y predicó el cura?. 
– Predicó.
 – ¿ Y de qué habló?.
 – Habló del pecado. 
– ¿ Y qué dijo?. 
– ¡Uh!. Parece que no es muy partidario. 

* * * * * * * * * * * 

El pecado es la pérdida de la gracia. Y la pérdida de la gracia es la auténtica des-gracia. Por eso, difícilmente se puede ser partidario. 
Es conveniente tener muy clara una idea sencilla y de sentido común: ninguna acción nuestra desagradaría a Dios, ni sería pecado, si no nos perjudicase a nosotros mismos. A nosotros, no a Dios. A Dios nada ni nadie puede perjudicarle. 
El demonio lleva siglos tratando de hacer creer al hombre que el pecado y la felicidad van parejos.
 ¡Y cuantas veces ha logrado y sigue logrando engañarnos!.