El cuadro es común y generalizado.

El niño o niña tiene ojeras. 
Parece insensible cuando hablas con él o ella en clase.
Está allí, pero no está presente.
Es listo/a para lo que quiere, dice su madre.
Pero catea todo, hasta el recreo.
¿Es la culpa del instituto?
La niña o niño está sola en su habitación con un toro inmenso, que no puede controlar;
Ese «bisho» es en ocasiones la tele, aunque casi siempre es el ordenador… E internet. Llámalo como quieras, PS2, PSP, Play… si le quitas el ratón sabe cómo jugar a escondidas.
Hay que matar ese toro, por que ya ha hecho mucho mal y seguirá haciéndolo.
Esto mismo ocurrió en Madrid en enero de 1928. Lee la anécdota…
El toro que sembró el pánico
ANGELO
 «La res que, huida del matadero, recorrió varias calles, produciendo víctimas, al llegar a la Avenida del Conde de Peñalver, donde fue muerta por el diestro Fortuna»