Cuento que describe la doble moral de los patrones

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando…

Un cuento de hipocresía

Moncho sintió cuando un transeúnte lo separaba de los fierros del bus.
Sólo

recordaba  cuando salió de la
fiesta muy ebrio y lo montaron en él. La noche

estaba muy lluviosa–este también parece muerto- dijo otro concurrente
que así

mismo ayudaba a sacar los cuerpos. En ese instante llegó la ambulancia y
un

paramédico lo percibió con signos vitales aunque muy débiles 

MONCHO SE RESISTE A MORIR

 

Moncho sintió cuando un transeúnte lo separaba de los fierros del bus.
Sólo

recordaba  cuando salió de la
fiesta muy ebrio y lo montaron en él. 

La noche

estaba muy lluviosa–este también parece muerto- dijo otro concurrente
que así

mismo ayudaba a sacar los cuerpos. En ese instante llegó la ambulancia y
un

paramédico lo percibió con signos vitales aunque muy débiles

–trasládenlo sin embargo no creo que llegue- le dijo a sus colegas.

 

Moncho no  podía mover más que los ojos y eso que  sutilmente…

 

A su lado yacían los cadáveres de
sus compañeros de trabajo. 
Puedo reconocerlos, -reflexionó Moncho-.

¿En que estado estoy?

¿Será que estoy muerto?,

-No siento nada-

-¿o estaré  emigrando?

¿Para el purgatorio?-

¿Para el infierno?

¿Y el túnel? 

Moncho trajo a la memoria el sermón del cura en su primera comunión:
–    “¿Cómo evitar el
Infierno? ¿Cómo evitar, también, el Purgatorio? La receta es cla
ra: buscar la Voluntad de Dios y no la
propia, rechazar el pecado.
El tiempo que

alguien debe sufrir en este estado realmente no es conocido, pero
se considera

que deberá ser proporcional a la naturaleza y la severidad de los
pecados cometí

dos. Por tanto, este tiempo podría ser desde unas horas hasta
miles de años.

“Mientras peor fue la persona, más tiempo deberá
purgarse.” ¡¡¡¡Ojo fornicadores!!!

-Creo que me corresponde una larga temporadita donde quiera que
vaya -pensaba

Moncho-

De repente estaba en un hospital Conectado a un respirador artificial 

 -“Presenta
trauma craneal severo con hematoma interno y fue intervenido

quirúrgicamente,
pero su estado es reservado, porque revela muerte cerebral-,

Decía
el médico a los estudiantes que rodeaban su cama y hacían la practica de

Neurología.. 

 Lo curioso, era que Moncho a  oía más de la
cuenta. 
Su oído ahora era bionico y

con  la mente lo trasladaba al
lugar que le antojara.  Alcanzó a oír la
junta de

médicos  tres pisos más arriba del
suyo;

 -Es mejor deconetarlo
de una vez, decía el director de los galenos.

 –Esta gente pobre suele salir con sorpresas,
son duros de morir –

añadía el facultativo. 

No
hay que arriesgarnos –ese bastardo sabe mucho-

En ese instante arribó su
mamá. Moncho se emocionó y meditó; mi madre siempre

me salva y esta no será la
excepción.

La madre de Moncho había
llegado al pueblo como prostituta en la época de la bonanza marimbera. Tenía ocho
hijos todos con distinto progenitor y Moncho era el

 menor y el único que quedaba con ella. 

-¿Que esperanzas hay,  doctor? 
Preguntó su madre –

-Si lo mantenemos conectado
al respirador puede durar un día, un año, veinte

 años, en Fin –.

 -Si se le retiran
los aparatos pronto estará muerto de manera incuestionable. Esta

 es la mejor opción –pienso
yo- dijo el médico. 

 Valiente hijueputa,- caviló Moncho-

-La madre se acerco a Moncho le miro a los ojos y le dijo
apretándole la mano y

acariciándole la frente:

-Hijo mío muchas veces tenemos que tomar juicios tajantes –

¿Si pudieras oírme?

-Debes saber que tu padre es el jefe de la cooperativa de transporte. 

 -Lo que me faltaba-pensó Moncho-

-Moncho premeditaba;  si tan
solo pudiera mover un dedo…..

 Moncho  trasladó el oído a la oficina del jefe de la
cooperativa a la que pertenecía:

 -continuaban celebrando

–buen trabajo rojas- le dijo el jefe a uno de sus dependientes.

-Fue fácil jefe, respondió rojas.

– Tan solo fue sacarle el líquido de frenos.

-Murieron todos, menos el desgarbado de Moncho pero ya el médico
tiene ordenes del patrón. 

 Tiene que estar bien muerto para que le paguen el seguro a su
padre que soy yo,

 Ja ja ja. –

Gozaba el jefe- 
 -Asesinos,- pensaba Moncho.

 Alcanzo a oír cuando los
médicos rindieron la sentencia. “Desconéctenlo”.

¿Es este?- Pregunto un médico al enfermero.-

 -Ahora si me llegó la hora: Santa María madre de Dios..

-Su madre empezó
a abrazarlo- Monchito, Monchito y lo ceñía a su

cuerpo. En ese
momento Moncho despertó y miró a su mamá que  le estaba

dando palmaditas
en el hombro haciéndole señas con el fin de que se levantara

para ir a la
fiesta de aniversario de la empresa en que laboraba  ayudante de un

bus
intermunicipal pues era el único oficio que sabia ejercer

Moncho era
sordomudo…

  

 JULIAN GALLEGO
MARULANDA

 

 

–                   

Más anécdotas: