Llega el verano y a lucir el tipo

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Vanidad viene de vano. Que significa “vacío” Sin contenido. “Falso”. “Aparente”

Todo lo que tenemos es regalo de Dios. Por nuestros propios méritos, pocas cosas. San Jerónimo decía: Mío, mío propio, solo tengo pecados.

Siendo vanidosos, corremos  el peligro de despreciar a los demás. Como el fariseo de la parábola: Yo no soy como los demás. Algo que nos hace repugnantes ante Dios y ante los demás.

Dios siempre mira el corazón.

Los fariseos tenían apariencia de santos y Jesús los llama:  Sepulcros  Blanqueados. Por fuera blancura, por dentro putrefacción.

Muchas personas quieren lucir su cuerpo, lucir el tipo, y van provocativamente vestidas, semidesnudas. Sin caer en la cuenta que van exhibiendo también la podredumbre de su corazón. Podredumbre que no solo la ve Dios, sino que la vemos todos.

Creerse guapo o guapa, porque lo eres, es vivir en la verdad. Así que enhorabuena. Y arreglarte, cuando me peino y me miro al espejo  no es vanidad. Reconocer las cualidades propias es honesto. Ponlas siempre al servicio de los demás.

Son las virtudes las que hermosean y hacen amable a la persona que las tiene.

No caigas en la vanidad, en la vaciedad, en la apariencia. Dios se fija siempre en el Corazón.

El dicho: Dime de que presumes y te diré de que careces, casi siempre acierta.

Fuente: Blog de Don Paco

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