San Íñigo de Oña

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Nació en Calatayud y sus padres eran mozárabes. Recibió una educación conforme a las máximas del Evangelio. Se retiró a los montes Pirineos y abrazó la regla de San Benito. Más tarde asumió el cargo de abad del Monasterio de San Juan de la Peña. Se retiró a un desierto de Aragón donde atrajo a un gran número de gente que aprovechaba sus saludables instrucciones. Cuando murió el primer abad del Monasterio de Oña le sucedió y practicó todas las virtudes del más perfecto prelado. En la hora de su muerte se llenó su celda de un resplandor celestial y se oyó una voz que decía: “Ven, alma dichosa, a gozar de la Bienaventuranza de tu Señor”. A su funeral acudieron cristianos, judíos y moros con grandes muestras de sentimiento. Fue canonizado por el Papa Alejandro IV en el año 1259.Hoy en día, el nombre de “Íñigo” de este santo aragonés se ha hecho universal gracias a que fue el nombre de pila del que luego se convertiría en San Ignacio de Loyola.

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