El que fue notable periodista , sintió deseos de acudir a uno de los famosos bailes de máscaras del Liceu de Barcelona. Para ello había un grave inconveniente: la escasez de dinero, que no le autorizaba tales dispendios. ¿Qué hizo para solucionar el problema? Apelar al ingenio.

Reunió a cinco amigos que se hallaban en parecida situación económica y entre los seis lograron recaudar el precio de una entrada, con la cual se quedó nuestro protagonista, que se colocó junto al portero, en tanto sus cómplices iban entrando poco a poco.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco… -fue contando Llanas muy serio, mientras aquéllos entraban y se
perdían entre la multitud-. Ahora entro yo. Aquí tiene mi localidad.

El portero inquiere con asombro:

-¿Y las de esos que han pasado?

Llanas replicó tranquilamente:

-No les conozco.

-¡Pero si los ha contado usted!

-Es mi costumbre; porque yo tengo la manía de entrar siempre el que hace seis.

Y se coló con toda frescura.