Ciudad del Vaticano, 7 de julio de 2015 (Vis).-El Papa transcurrió la última parte de su segunda jornada en Ecuador en la capital, Quito, donde a las 19,00 (hora local) llegó al Palacio Carondelet, sede del gobierno, para efectuar una visita de cortesía al Presidente Rafael Correa. El edificio, construido a finales del siglo XVIII por el arquitecto español Antonio García, se encuentra en el centro histórico y debe su nombre al gobernador Francisco Luis Héctor, barón de Carondelet, bajo cuyo mandato fue edificado. Durante el período colonial español se llamaba Palacio Real, pero según la leyenda, Simon Bolívar, admirado por la belleza de la fachada, le dio el nombre del gobernador.
A su lllegada el Presidente Correa acogió al Papa con un caluroso abrazo; después entraron juntos en el Salón del Protocolo donde departieron en privado. Posteriormente el Presidente presentó a su familia al Santo Padre y luego tuvo lugar el intercambio de dones. Francisco regaló al mandatario ecuatoriano un cuadro en mosaico de la Virgen con el Niño, una copia realizada por los talleres de los Museos Vaticanos, de la imagen en la capilla del Santísimo Sacramento de la basílica romana de San Pablo Extramuros ante la cual el 22 de agosto de 1541, san Ignacio de Loyola y sus primeros seguidores profesaron los votos religiosos dando inicio así a la Compañía de Jesús.
Al final de la visita el Obispo de Roma y el Presidente se asomarón al balcón del Palacio Carondelet para saludar a la multitud que reunida en la Plaza de la Independencia aclamaba y cantaba al Papa que, desde allí recorrió a pie los cincuenta metros que lo separaban de la Catedral Metropolitana, cuya advocación es la de la Coronación de la Virgen María. La catedral, completada en 1565, es una mezcla de estilos que van del gótico múdejar al barroco y neoclásico y en su interior reposan los restos de Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, el Mariscal Sucre (1795-1830) héroe de la Independencia americana.
El Santo Padre entró en la catedral donde fue recibido por el rector y tras saludar a diversos enfermos y discapacitados que se encontraban en el templo, rezó unos minutos ante el Santísimo. Al salir , cuando ya era casi de noche, bendijo a los miles de personas que se habían congregado en la Plaza, dejando el breve discurso que había preparado y que reproducimos al final del artículo e improvisando las siguientes palabras:
»Les voy a dar la bendición, para cada uno de ustedes, para sus familias, para todos los seres queridos y para este gran pueblo y noble pueblo ecuatoriano, para que no haya diferencias, que no haya exclusivo, que no haya gente que se descarte, que todos sean hermanos, que se incluyan a todos y no haya ninguno que esté fuera de esta gran nación ecuatoriana. A cada uno de ustedes, a sus familias, les doy la bendición. Pero recemos juntos primero el Ave María….»
»La bendición de Dios Todopoderoso, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Y por favor les pido que recen por mi. Buenas noches y hasta mañana».
Hoy, 7 de julio, el Papa Francisco encontrará a los obispos de Ecuador y celebrará la santa misa en el Parque del Bicentenario de Quito. Más tarde irá a la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, recibirá las llaves de la capital en la iglesia de San Francisco, donde pronunciará un discurso y fianlizará el día con una visita privada a la Iglesia de la Compañía de Jesús.
Breve discurso del Papa ante la Catedral de Quito (dado por leído)
»Vengo a Quito como peregrino, para compartir con ustedes la alegría de evangelizar. Salí del Vaticano saludando la imagen de santa Mariana de Jesús, que desde el ábside de la Basílica de San Pedro vela el camino que el Papa recorre tantas veces. A ella encomendé también el fruto de este viaje, pidiéndole que todos nosotros pudiésemos aprender de su ejemplo. Su sacrificio y su heroica virtud se representan con una azucena. Sin embargo, en la imagen en San Pedro, lleva todo un ramo de flores, porque junto a la suya presenta al Señor, en el corazón de la Iglesia, las de todos ustedes, las de todo Ecuador».
»Los santos nos llaman a imitarlos, a seguir su escuela, como hicieron santa Narcisa de Jesús y la beata Mercedes de Jesús Molina, interpeladas por el ejemplo de santa Mariana… cuántos de los que hoy están aquí sufren o han sufrido la orfandad, cuántos han tenido que asumir a su cargo a hermanos aún siendo pequeños, cuántos se esfuerzan cada día cuidando enfermos o ancianos; así lo hizo Mariana, así la imitaron Narcisa y Mercedes. No es difícil si Dios está con nosotros. Ellas no hicieron grandes proezas a los ojos del mundo. Sólo amaron mucho, y lo demostraron en lo cotidiano hasta llegar a tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Ellas no lo hicieron solas, lo hicieron »junto a» otros; el acarreo, labrado y albañilería de esta catedral han sido hechos con ese modo nuestro, de los pueblos originarios, la minga; ese trabajo de todos en favor de la comunidad, anónimo, sin carteles ni aplausos: quiera Dios que como las piedras de esta catedral así nos pongamos a los hombros las necesidades de los demás, así ayudemos a edificar o reparar la vida de tantos hermanos que no tienen fuerzas para construirlas o las tienen derrumbadas».
Hoy estoy aquí con ustedes, que me regalan el júbilo de sus corazones: »Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia». Es la belleza que estamos llamados a difundir, como buen perfume de Cristo: Nuestra oración, nuestras buenas obras, nuestro sacrificio por los más necesitados. Es la alegría de evangelizar y »ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican».
»Que Dios los bendiga».