En el siglo IX, el Obispo de Iria Flavia, fue comunicado de que una estrella se había posado en el bosque de Libredón. Este obispo, llamado Teodomiro, se acercó a dicho lugar y descubrió en allí, la tumba del Apóstol Santiago. Tras este gran descubrimiento, el obispo informó al monarca que gobernaba en ese momento, Alfonso II, quién se encontraba en Oviedo. Ante la importancia de la noticia, el propio monarca se movió desde el lugar donde se encontraba para poder comprobar con sus propios ojos que este hecho era verídico, siendo el primero en realizar un tramo del que hoy conocemos como Camino Primitivo y convirtiéndose, por casualidad, en el primer peregrino del Camino de Santiago.

Dejamos también un párrafo del libro Historia de España contada con sencillez (José María Pemán).

Y aun parece que Dios quiere favorecer esa política de Alfonso II, haciendo que durante su reinado aparezca en Galicia el sepulcro del Apóstol Santiago. En torno a este sepulcro se forma la ciudad de Compostela (año 808), y empiezan a venir a ella, para rendir homenaje al Apóstol, de todas partes de Europa. El Camino de Santiago, que así se llamó la calzada o carretera que atravesaba todo el norte de España para ir a Compostela, fue una ancha vena por donde entraban continuamente en España alemanes, franceses y otras gentes de todos los rincones de Europa. De este modo, la situación de España y la gran contienda que tenía entablada en defensa de la fe se hizo popular en Europa y tuvo, en cierto modo, a sus espaldas, la simpatía de toda la Cristiandad.

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