Tras visitar República Dominicana y Trinidad y Tobago, el Prelado llegó a Colombia. En este país ha celebrado diversos encuentros pastorales, en Bogotá, en la Universidad de la Sabana y en Medellín, entre otros lugares.La última vez que visitó Colombia fue en el 2001, cuando acompañó al beato Álvaro del Portillo, en mayo de 1983.

El martes
por la mañana se reunió en Bogotá con cerca de 100 sacerdotes de
distintas regiones del país y en la tarde encabezó una tertulia en la Universidad de La Sabana, a la que asistieron cerca de
6.000 personas.

“Colombia tiene un corazón grande que no debe quedarse en sus límites, sino que debe extender sus oraciones a toda la Humanidad”, dijo. Pidió por el papa Francisco, por los enfermos, por los niños, por las
familias, y llamó a dialogar en confianza con Dios y con lealtad hacia
él.

Fue un encuentro cercano con los
asistentes, de quienes recibió varias preguntas sobre situaciones
cotidianas. La primera llegó de un médico, profesor investigador, quien
dijo ser cuestionado por su libertad en el manejo de cátedras e
investigaciones, por el hecho de trabajar en una universidad cristiana. Monseñor
Echevarría insistió en la libertad y la búsqueda de la verdad encaminadas al
servicio y el bien.

Otro médico, que
se identificó como profesor, esposo y padre, musulmán practicante,
le consultó cómo fortalecer el diálogo
interreligioso y superar la intolerancia de la sociedad. “En
1950, san Josemaría Escrivá habló con la
Santa Sede sobre la posibilidad de nombrar cooperadores de otros
cultos”, recordó Monseñor Echevarría. El Prelado insistió en que se debe respetar la fe
de los otros, “porque somos hermanos y acá siempre encontrarán
comprensión”.

Además llamó a
mantener la unidad familiar y reclamó la necesidad de que los padres
compartan tiempo con los hijos. Así respondió el tercer interrogante, también
de una docente de la universidad, que pidió una guía sobre cómo hablar
con los hijos temas que en casa suelen no tocarse. “Si
quieren a sus hijos, tienen que arrancar tiempo de sus ocupaciones. Por
ejemplo, es mucho más importante sentarse alrededor de la mesa a hablar
de cómo les fue en el día, que ver la serie de televisión”, señaló.

Se
refirió también al matrimonio: “No hay vínculo como el compromiso. Lo lógico es que queramos
hasta el final de la vida. Ese compromiso nos obliga a cuidar y amar a
la pareja. Al mismo tiempo, que nos demos cuenta de que los hijos han
sido fruto de ese amor y no de una cuestión fisiológica”.

La
tertulia concluyó con un padre nuestro por el papa Francisco, las
autoridades del país y de la universidad. Luego vino un Ave María y un
Gloria, y una bendición por Colombia.

En Medellín

En Medellín, la cita estaba programada a las 6 de la tarde, y el Padre, como se le dice cariñosamente en el Opus Dei al Prelado, llegó con antelación. El inicio fue puntual y nada más subir a la tarima preparada para que todos los asistentes pudieran verle, el Padre sorprendió a los asistentes con el saludo a “los paisas y a las paisas”, como se les llama a los antioqueños.

Un fuerte aplauso se escuchó tras el saludo tan afectuoso. El Padre habló unos minutos sobre el perdón, la reconciliación y el deseo de paz para todos los colombianos. Luego vinieron las preguntas: sobre la educación de los hijos en la fe, sobre el deber de llevar almas a Dios, sobre la importancia de hacer apostolado…, una a una el Padre fue respondiendo y haciendo bromas a los asistentes, contando divertidas anécdotas. Con ese ambiente alegre se pasaron cincuenta minutos en los que el Padre ánimo a todos a seguir a Jesús y a llevar su mensaje a todos los hombres.

Como es habitual en las reuniones de familia que sostiene en todos los lugares que visita, terminó pidiendo oraciones por el Papa; además, en esta ocasión, añadió que se rezara especialmente el sínodo de la familia que tendrá lugar en octubre. Antes de marcharse recomendó a todos, y recordó que él lo hace, estudiar el Catecismo de la Iglesia, donde está recogida la doctrina segura sobre la fe católica.

En este viaje, el Padre tuvo una breve reunión con un grupo de mujeres de la Prelatura en la casa de convivencias Guaycoral, que está ubicada en La Ceja. Hubo tiempo para algunos encuentros con familias y visitar varios enfermos.