Sonaron cinco campanadas. El prior había reunido a todos los frailes. Miró pensativo por la ventana, divisando un trozo de la campiña inglesa. -Hermanos, debo daros una mala noticia: hoy será por economía, el último día que tomemos el té. Seguidamente se sirvió éste. Thomas, el novicio, paladeó hasta la última gota, como despidiéndose de un ser querido. Arrancó el hilo del que pendía la bolsita, guardándolo en su hábito. Cuando llegó el rezo de , tomó el libro de oración sustituyendo la cinta señaladora por el hilo. No pudo evitar que una lágrima se deslizara por su mejilla.