Los alumnos se quedaron atónitos cuando les conté que en la Guerra Civil Española había tenido lugar una terrible persecución religiosa. Y que había habido muchos asesinatos por la única razón de que tenían una fe cristiana.
Como me tacharon de indocumentado y, por lo tanto de fascista, me he provisto una serie de testimonios históricos y detalles verificables.
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Al término de la guerra civil española, según el estudio de Antonio Montero Moreno, que fue su tesis doctoral por la Universidad de Salamanca, el número de religiosos asesinados por su fe en la retaguardia republicana ascendió a 6.832, de los cuales 4.184 eran sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas.

Otras fuentes, entre ellas el afamado estudio de Vicente Cárcel Ortí para la preparación del «catálogo de los mártires cristianos del siglo XX», amplían la estimación con 3.000 seglares, en su mayoría pertenecientes a la Acción Católica, con lo cual estiman en torno a 10.000 el número de víctimas pertenecientes a organizaciones eclesiásticas. 
A estas 10.000 víctimas, con todos sus datos consignados, hay que añadir aquellos mártires que lo fueron por el simple hecho de su práctica de fe y condición de católicos sin mediar pertenencia a organización eclesiástica alguna: una estimación conservadora eleva su número a 30.000. Algunos de ellos fueron sacrificados por el mero hecho de llevar un rosario, una medalla o estampa religiosa, otros por albergar o dar de comer a algún religioso.

La magnitud e intensidad de la tragedia, para la cual hay un consenso general entre los especialistas e historiadores, es destacada por Antonio Montero:

En toda la historia de la universal Iglesia no hay un solo precedente, ni siquiera en las persecuciones romanas, del sacrificio sangriento, en poco más de un semestre, de doce obispos, cuatro mil sacerdotes y más de dos mil religiosos.

Por su parte, el historiador británico e hispanista Hugh Thomas destaca su extremismo, no comparable según él, a otros periodos sangrientos de la
historia europea:

En ninguna época de la historia de Europa, y posiblemente del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión y cuanto con ella
se encuentra relacionado.

Hugh Thomas, La República Española y la Guerra Civil, pg. 257,
 ISBN 84-7530-847-X

El también hispanista e historiador estadounidense Stanley G. Payne enlaza la magnitud del caso con otros periodos revolucionarios:

La persecución de la Iglesia católica fue la mayor jamás vista en Europa occidental, incluso en los momentos más duros de la Revolución francesa.

Ante este hecho sin precedentes en la historia de la humanidad es llamativo que las organizaciones y entidades que llevaron a cabo los asesinatos, algunas de las cuales activas en la vida pública española hoy en día como el sindicato UGT o el Partido Comunista, jamás han reparado ni pedido perdón.
En este sentido todos los católicos seguimos siendo víctimas de su impiedad y odio y tememos que la historia se repita.

Hay que añadir a todo esto que simultáneamente a los casos de violencia contra las personas, resultó afectada una gran parte de las propiedades y bienes eclesiásticos así como el patrimonio cultural asociado a las obras de arte en ornamentación, retablos, esculturas y pinturas, templos y arte ornamental público en calles, caminos y plazas. Es lo que se denomina «el martirio de las cosas».

Durante la contienda, resultaron destruidas más de 20.000 iglesias, entre ellas varias catedrales, con gran parte de su arte y archivos.

En Cataluña, el Presidente de la Generalidad, Lluís Companys, durante una entrevista a finales de agosto de 1936 por una periodista de L’Oeuvre declaró al ser preguntado sobre la posibilidad de reanudar el culto católico:

..este problema no se plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas.

En Madrid se destruyeron casi todas las iglesias mientras que en la vecina localidad de Getafe el monumento al «Sagrado Corazón» situado en la cima del Cerro de los Ángeles fue volado con dinamita el 7 de agosto de 1936. En todas las ciudades y pueblos de la llamada zona republicana fueron pasados por las llamas la práctica totalidad de los edificios religiosos: templos, conventos y colegios. En Valencia, una de las ciudades con más rico patrimonio artístico hasta la fecha fueron quemadas y saqueadas todas las iglesias menos tres: ni la catedral ni la basílica se libraron de las
llamas.

Continúa

Apéndice: Los obispos asesinados fueron:

*       Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro (1877-1936);
*       Manuel Basulto Jiménez, obispo de Jaén  (1869-1936);
*       Manuel Borrás Ferré , obispoauxiliar de Tarragona  (1880-1936);
*       Narciso de Esténaga Echevarría, obispo de Ciudad Real (1882-1936);
*       Salvio Huix Miralpeix, obispo de Lérida (1877-1936);
*       Manuel Irurita Almándoz, obispo de Barcelona (1876-1936);
*       Cruz Laplana y Laguna, obispo de Cuenca (1875-1936);
*       Manuel Medina Olmos, obispo de Guadix (1869-1936);
*       Eustaquio Nieto Martín, obispo de Sigüenza (1866-1936);
*       Anselmo Polanco Fontecha, obispo de Teruel (1881-1939);
*       Juan de Dios Ponce y Pozo, administrador apostólico de Orihuela (1878-1936);
*       Miguel Serra Sucarrats, obispo de Segorbe (1868-1936) y
*       Diego Ventaja Milán, obispo de Almería (1880-1936).

De todo ello se extrae entre otras la conclusión siguiente:
de los miles de muertos en la guerra civil española de 1936, de los dos bandos, había una porción significativa que fue asesinada a sangre fría por sus creencias religiosas. Ello al margen de su bando o ideología política. Sólo a estos se les llama Mártires de Jesucristo durante la Guerra Civil Española de 1936.

AD MAIOREM DEI GLORIAM. NUNCA LES OLVIDEMOS.